Legalidad restaurada
La cultura de la legalidad debe prevalecer para todos.
La cultura de la legalidad debe prevalecer para todos.
Se está dificultando cumplir con el propósito de reducir la tasa de pobreza extrema.
Amigos y enemigos le reconocieron siempre su talento, su patriotismo y su honradez.
Esos tonos coloquiales del presidente exhiben superficialidades que no resisten un análisis lógico.
Los derechos de los trabajadores no pueden ser abrogados por nadie.
Lo vejatorio de las palabras toca más a quien las pronuncia que a quien se lanzan.
Viajar al extranjero no es malo por parte de los dos presidentes de México, siempre y cuando se acerquen al pueblo de México.
Su veneno es excesivo, aunque él lo denomina amor a México; y lo ha contagiado a cuantos se lo permiten.
Los militares no se quedan sin fuero, pues subsiste el fuero de guerra como una competencia militar.
El gobierno británico le niega terminantemente el salvoconducto para salir de Inglaterra, sitiando amenazante con su policía armada la embajada que asila.
Seguirá hasta la eternidad, bajo la égida del miedo.
Esos amores lopezobradoristas terminarán matando la democracia, ¡si la hubiese!
Andamos jugando con lumbre en una etapa poselectoral saturada de combustible.
En México educan más las películas de Hollywood que las aulas vacías de maestros en huelga o en paro.
El cargo de presidente es unipersonal, y eso lo hace más delicado.
Las guerras religiosas, o las luchas en donde este fenómeno se enreda, son de los más grotesco, absurdo y sanguinario.
Resulta claro que se ha esfumado el candidato del amor.
Como ciudadanos en el ejercicio de un derecho, y en el cumplimiento de un deber, nos apersonaremos en nuestra respectiva casilla para depositar nuestro voto.
El pueblo de México se encuentra agobiado de tanta brutalidad asesina.
El mismo ADN político corre por todo el torrente sanguíneo de nuestro sistema de partidos.