Ayotzinapa rebosa impunidad y corrupción
El autoengaño, la simulación o la inacción pueden conducirnos a la descomposición social.
El autoengaño, la simulación o la inacción pueden conducirnos a la descomposición social.
Es preciso dar curso legislativo a una comisión de la verdad.
Esta grave e inadmisible patología está moviendo a México hacia el abismo de la ingobernabilidad.
La masacre de los alumnos de la normal rural de Ayotzinapa ha causado una verdadera conmoción cuya expresión más elocuente son las sentidas palabras vertidas por el rector de la UNAM
Gracias a él y a otros destacados líderes, el miedo y el silencio no se convirtieron en un trágico olvido.
Todo ello fue hecho en contra de los artículos 135 y 136 de la Ley Fundamental.
Se dio curso al referéndum, una de las varias vertientes de la democracia directa o participativa.
No existe impedimento constitucional alguno para que el pueblo diga en forma clara y precisa si está o no de acuerdo con la reforma energética.
Se ha aseverado que las reformas a la Carta Magna no son consultables a la ciudadanía, lo que es un desatino.
Los voceros gubernamentales se han dado a la tarea de repetir el estribillo que dice que la reforma energética conllevó un cambio de paradigma, significando con ello que se trata de un cambio con tintes revolucionarios, cosa que sin lugar a dudas es una desmesura propia de una campaña propagandística.
A las empresas petroleras les fue confeccionado un traje a la medida en materia tributaria, un genuino régimen de excepción.
La Corte está llamada a deshacer este gravísimo entuerto, facilitando la realización de la consulta popular de 2015.
Nadie ha exhibido que detrás de tan trascendental decisión política existió un elemental ejercicio de planeación estratégica.
El inmenso poder de las compañías petroleras y eléctricas y su proclividad innata a la depredación de los recursos naturales.
Al preguntarles los isleños cuál era esa ley natural respondieron: “lo sabéis muy bien, es ley de la naturaleza que el cordero sea devorado por el lobo”.
Craso error político e histórico que puede llevar al país a un escenario de desestabilización.
La expropiación al entero servicio de los inversionistas usufructuarios de la reforma energética.
La expropiación conlleva la supresión del derecho de propiedad y sólo podrá ser decretada por causas de utilidad pública.
Totalmente opuestas a los intereses superiores de la nación.
En el articulado de la Carta Magna se les otorgaron inusitados privilegios y protecciones a los que no tendrá acceso el sector productivo nacional