Brindis por sobrevivir
David Toscana (Monterrey, 1961) es un escritor obsesionado con el tedio, el fracaso, la muerte, la soledad, la desmitificación de la Historia, el absurdo de la existencia.
David Toscana (Monterrey, 1961) es un escritor obsesionado con el tedio, el fracaso, la muerte, la soledad, la desmitificación de la Historia, el absurdo de la existencia.
La miseria obliga, arrastra hacia una condición humana terrible, temible. La historia que lleva a la pantalla Luis Mandoki refleja los diversos abismos a los que empuja la situación violenta y miserable que se da en la frontera de México con Guatemala.
La obra Aves y cenizas es una producción chileno-mexicana escrita y dirigida por la actriz, comunicadora social y directora Verónica Olmedo quien, a través de la investigación y rescate de los aspectos rituales de las danzas del pueblo originario de Chile, llamado Mapuche (“gente de la tierra”), aborda el terrible caso de la activista social Marisela Escobedo como un intento de comprender, desde una dimensión mítica, este suceso que, como tantos otros, han quedado impunes.
Distintas connotaciones ha tenido la oscuridad en la historia de la cultura. La más común es el desconcierto que impide la cabal percepción debido a un estado físico, intelectual o sicológico que, sin embargo, no impide ni la toma de conciencia ni la imaginación ni el surgimiento del pasado y sus demonios.
El Boom latinoamericano denomina precisamente el estallido a nivel mundial de los escritores de este gran subcontinente. La novela que abrió la puerta para que esta literatura, hasta entonces poco conocida, se difundiera fue la novela La ciudad y los perros, del peruano Mario Vargas Llosa, marqués de Vargas Llosa, Nobel de Literatura en 2010, aunque antes recibió el Premio Cervantes en 1994 y el Príncipe de Asturias de las Letras en 1986.
Recientemente la editorial Tusquets publicó dentro de la colección La sonrisa vertical, su más reciente título La muerte y su erotismo, libro que reúne a diversos autores mexicanos. Con textos tan distintos como los propios escritores, la antología se construye con cuentos que seducen y son seducidos por el erotismo mismo y la muerte.
El deceso de José Luis Martínez, uno de los grandes mexicanistas del siglo pasado, no significó un hueco en los estudios en torno a la obra y figura de Alfonso Reyes.
Testigo de la realidad que comparte con un estilo propio y original, Arturo J. Flores (México, 1978) ha venido llamando la atención con libros como Provocaré un diluvio, una colección de crónicas sobre las vivencias de un grupo de rockeras y su manager, protagonizado por el mismo autor, fórmula que repite con éxito en su nueva entrega, Te lo juro por Saló.
El filme que dirige Luis Mandoki, La vida precoz y breve de Sabina Rivas, es de un apego importante a la novela La Mara, de Rafael Ramírez Heredia. La película deja un sabor a desolación, a angustia.
Se trata de El Códex Gigas, un libro medieval que recibe también el nombre o título de La Biblia del diablo, ya que en éste aparece una enorme ilustración de Satanás en toda una hoja.
El poeta mexicano José Juan Tablada dejó a la literatura páginas perfumadas por el escenario exótico, estampas graciosas de Oriente y deseos desbordados. Sus poemas, de atmósferas extravagantes que aluden a territorios fantásticos con igual decoro que a lugares matizados por el embrujo y el misterio, nos hablan de una voz abrasiva cuya contemplación anima/enerva, despierta a faunos, seducidos, bellas mujeres y demonios, lo mismo que a diversos apetitos.
La última quincena del sexenio de Calderón tuvo como protagonista una fiesta del derroche y la mercadería que se llamó “buen fin”. Tres días en que las familias mexicanas —con todo y adelanto de aguinaldo— se abalanzaron sobre los comercios grandotes y chiquitos para comprar cosas que no necesitaban y pagarlas con descuento, sí, pero con dinero que no tenían.
En el Antiguo Testamento el pueblo israelí —a quien hoy Dios bendiga para que asuma su verdadero papel en la historia y deje de asediar a los palestinos— consideraba que Elohim, su Dios, o posteriormente, Adonai, era su rey.
Predecir el futuro ha intrigado a la humanidad a lo largo de su historia. Entre los gremios más interesados por descifrar el porvenir se encuentran los literatos y los científicos. Pedro Paniagua (Madrid, 1958), catedrático de la Universidad Complutense y reconocido periodista, ha publicado el ensayo Breve historia del futuro (Taurus, 2012), donde repasa —sin afán exhaustivo—, los vaticinios de diversas mitologías, novelas de anticipación y el logro de avances tecnológicos inimaginables para el profano.
Graciela Olmos, La bandida, es una leyenda popular que se movía en la parte oscura de la sociedad. “Es —asegura la autora de la novela La bandida (Grijalbo), Magdalena González Gámez— muy difícil realmente aspirar a verificar muchas cosas al respecto de La bandida.
La revolución es una utopía, dicen los que dicen que saben, pero el mayor creyente en que era posible, después de mi padre, se llamaba Vlady, aquel conocido como “el pintor de paradojas”.
Mientras en este mundo algunos luchan por cambiar la óptica, el imaginario, que nos inculcaron en Occidente y que ha llevado a lo que puede visualizarse como un desfiladero, y otros luchan para cambiar en acciones locales o a nivel global el modo de actuar para revertir, si se puede, una hecatombe planetaria, regresando a modos más simples de vida, la mayoría de la gente vive de una manera totalmente automática.
Cuando Agustín Cadena me envió su nuevo poemario, La ofrenda debida, me dijo que éste es “el más yang” de sus libros. Comprendí la aclaración, a la vez precisa y ambigua, en la medida en que los conceptos yin y yang son en sí mismos polisémicos.
Libro que causó polémica cuando salió en 1996 firmado como Polibio de Arcadia, El pueblo que no quería crecer es una crítica dura, por momentos necesaria, por instantes no del todo precisa, pero con argumentos que desvelan a un observador de la realidad, a un admirador de la circunstancia, pero a la vez a un analista, en veces reportero en otras personaje de un contexto contundente: México a finales de la segunda mitad del siglo XX.
Las etiquetas en nuestra sociedad, en muchísimos casos, han sido como hierros candentes en carne viva.