La historia tiene una presencia y un rostro, y sobre la Independencia, de México, el rostro le pertenece al del cura Miguel Hidalgo, pero la presencia, el cuerpo del empuje para conseguir el cambio, fue principalmente de los “indígenas”, que, forzados o lastimados por las condiciones de esclavitud en que se encontraban y con una postura política sin prácticamente ninguna figura, es como se inician los periodos insurreccionales; lo que paralelamente se da en una buena porción de América: “Es imposible, naturalmente, describir de manera puntual todas estas instancias de movilización popular. La dificultad deriva en parte de su número, pero sobre todo resultado de su carácter mismo: como lo popular en América existía de manera localizada y particular, los momentos de rebeldía tienen también que comprenderse como resultado de contextos específicos, muy acotados y contingentes”.