El matraquero de Palacio
De mil 200 promesas hechas hasta el día de hoy, el político de la “cartilla moral” y de la honestidad valiente, solo ha sido capaz de cumplir 170, una que otra y las que electoralmente le convienen.
De mil 200 promesas hechas hasta el día de hoy, el político de la “cartilla moral” y de la honestidad valiente, solo ha sido capaz de cumplir 170, una que otra y las que electoralmente le convienen.
El mensaje y la lección para México son inevitables: Aquí, hay un “Trump mexicano”, un bandolero dedicado a asaltar la Constitución y el progreso, un ladrón de la integridad nacional.
EL 25 de diciembre pasado, se cumplieron 31 años de la muerte del dictador rumano Nicolae Ceausescu, uno de los comunistas más sanguinarios de todos los tiempos, sólo comparado con Stalin y Mao.
La alianza puede convertirse en la semilla de una revolución política, —capaz de quebrar el espinazo al autoritarismo—, sí así lo deciden los partidos. Designar candidatos con solvencia social y moral es la siguiente prueba de fuego.
No solo significa poner en riesgo la autonomía del Banco, implica colocar una bomba en la bóveda de las reservas internacionales para que la mama del Chapo entre.
Señoras y señores, México está por perder dos de los más importantes contrapesos al poder absoluto y el futuro del país está quedando cada vez más bajo el control de un solo hombre.
El 1 de diciembre nos levantamos con extrañas mediciones que daban a López Obrador entre 61 y 64 por ciento de aceptación mientras aparecía reprobado, cuando menos, en seguridad, economía y combate a la corrupción.
Los ciudadanos no podemos solos. El país necesita hoy de los partidos de oposición, cuando menos del PAN, PRI y PRD, para impedir la debacle. En el 21 solo habrá dos opciones: democracia o más autoritarismo. Alianza, o se acabará todo.
Tabasco, la tierra del presidente, ha sido convertida por él mismo en un infierno. Miles de damnificados, entre llantos y gritos de auxilio, preguntan sumergidos en el agua: ¿por qué los odia López Obrador? ¿Por qué tiene tanto rencor a los mexicanos?
El desafío que viene es monumental. El triunfo electoral no depende, obviamente, de la simple suma de emblemas partidistas. Construir la estrategia, encontrar la causa y palabra clave que mueva las fibras más profundas de millones de votantes para poner un dique, en las urnas
Estamos a siete meses de que se lleven a cabo elecciones intermedias en México y aquí, al igual que allá, el reto es quitar poder a un autócrata populista que se ha dedicado a destruir al país.
El país nunca había escuchado a diez gobernadores llamar autoritario, arbitrario, abusivo, divisionista, sordo, mentiroso y tirano a un Presidente de la República. Y la verdad, se les agradece, porque ha llegado la hora de llamar a las cosas por su nombre.
Imposible ignorar aquel lamento de López Obrador cuando condenaron al narcotraficante a cadena perpetua. “Una cadena de… está en la cárcel de por vida —dijo un compungido AMLO— conmueve”.
De “asesinos y violadores de los derechos humanos” ha pasado a convertirlos en una élite con privilegios económicos que podría llegar a ostentar también, en cualquier momento, espacios de poder político.
López Obrador no es el único perpetrador responsable del golpe a la división de poderes, del acoso a la libertad de expresión, de la polarización social o de la violación sistemática al Estado de Derecho. Lo son también quienes con su “lealtad ciega” operan como verdugos complacientes de la “transformación.”
Las declaraciones de Cárdenas al diario Reforma —publicadas el pasado 24 de septiembre— son más importantes de lo que se cree. Uno de los hombres más identificados con el movimiento obradorista, decidió correr la cortina para mostrar que el ícono favorito de la 4T es un pantano pestilente.
Mientras 131 mandatarios se esforzaban por representar dignamente a sus países, la imagen de López Obrador recordaba al presidente municipal de San Pedro de los Saguaros, Juan Vargas, en la película La Ley de Herodes.
Un problema que tradicionalmente se resuelve a partir de lo que señala el mismo convenio, es agravado con alevosía y utilizado perversamente por el gobierno federal con propósitos político electorales.
Esa sola imagen explica, por sí sola, el desastre nacional. Es la fotografía de un autócrata que no puede ocultar el placer que le causa utilizar el poder para vengarse de los que más odia.
El presidente borró completamente la línea fronteriza entre la realidad y la ficción para tratar de imponer una mentira. La impostura presidencial ha sido llevada, sin escrúpulo alguno, hasta el paroxismo.