La reforma del DF: ¿en taco o quesadilla?
Miguel Angel Mancera eligió la reforma del Distrito Federal para lanzar una primera señal de inclusión política. A diferencia, pero sobre todo en contraste, con sus antecesores
Miguel Angel Mancera eligió la reforma del Distrito Federal para lanzar una primera señal de inclusión política. A diferencia, pero sobre todo en contraste, con sus antecesores
Las páginas de oro de la política exterior mexicana recuerdan la amistosa relación que hubo entre dos presidentes con perfiles humanos similares: Adolfo López Mateos, en México, y John F. Kennedy, en Estados Unidos.
Durante varios meses, los capitalinos vimos con sorpresa que una esquina del Bosque de Chapultepec, totalmente olvidada por las autoridades, sucia y polvorienta, de pronto se convertía en un parque de primer mundo con luminarias, caminos adoquinados, bancas aceradas, jardineras y ciclopista.
Hace unos días, el periódico La Nación de Buenos Aires, publicó una entrevista a Luiz Inacio Lula da Silva, donde el expresidente de Brasil dijo que “la democracia es una alternancia de poder, no sólo de personas, sino de sectores de la sociedad”.
La reforma laboral está dejando lecciones importantes. Una de ellas es que hay dos formas de hacer política: a la manera de un elefante que llega y aplasta todo, o a partir de una cuidadosa estrategia que implique cálculo e inteligencia en la negociación.
El sexenio de Felipe Calderón en materia de seguridad concluye con un espectáculo informativo degradante que daña y ofende a la sociedad mexicana.
El ataúd que colocó una fracción del PRD en el lobby de la Cámara de Diputados para protestar por la reforma laboral debió llevar como leyenda: “Estos son los restos de una izquierda violenta y primitiva, incapaz para el debate y vacía de contenidos”.
No se equivocan del todo quienes aseguran que detrás de la reforma laboral enviada por el presidente Felipe Calderón al Congreso como iniciativa preferente existe la intención de poner a prueba al PRI.
El 31 de enero de 2012, James Clapper, titular de la Dirección Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, dijo a los senadores de ese país que “los cárteles de la droga de México contribuyen a la inestabilidad en Centroamérica”.
Enrique Peña Nieto ha quedado en medio de “dos Méxicos”. Entre el México viejo que se resiste a cambiar, que huele a carroña y a humedad de panteón, y el otro que busca formar parte de la modernidad.
El primer informe de gobierno de Eruviel Avila estuvo plagado de señales políticas. La primera y más importante de ellas —dentro de un contexto social en el que hay 52 millones de pobres— es que el mexiquense dio un mensaje desde la Calle. Hizo hablar al niño invidente y al escolar descalzo, a la mujer desempleada, al joven recién egresado y al ciudadano agredido por la inseguridad.
Infundado, infundado, infundado. Es el término que más utilizaron los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
La creación de un instancia ciudadana y autónoma que permita inaugurar una nueva relación entre los medios de comunicación y el poder público puede llegar a ser tan vanguardista como se quiera.
La distancia que existe entre el primer domingo de julio —día en que, por ley, se llevan a cabo elecciones para renovar el Congreso y elegir presidente de la república— y el 1 de diciembre en que rinde protesta el nuevo titular del Ejecutivo federal abre un vacío de 152 días que, en las actuales condiciones, resulta suicida para la estabilidad.
La decisión de poner fin a gobiernos encabezados por un militar resguardó al Ejército mexicano, durante seis décadas, del peligroso juego del poder.
“¡Serénense! ¡Que no es para tanto!” Eso les diría el demócrata Andrés Manuel López Obrador a las víctimas de los abusos cometidos por un gobierno presidido por él
Miguel Angel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal electo, declaró que trabajará con el próximo presidente de la república —“se llame como se llame”— y que no tendrá objeción alguna en aparecer a lado de Enrique Peña Nieto.
La mejor respuesta a la estrategia desestabilizadora del lopezobradorismo —anunciada en Atenco por la llamada Convención Nacional contra la Imposición— fue la reunión que se llevó a cabo en Los Pinos entre el presidente Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, para iniciar los trabajos de la transición presidencial.
Durante seis años, la gobernabilidad del país sufrió las consecuencias de una presidencia inconsistente. La relación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, entre el presidente de la república y los gobernadores, siempre estuvo marcada por la incertidumbre y la desconfianza.
Que no se mal entienda o distorsione la frase. Decir que México necesita un presidente de la república fuerte no significa proponer un gobierno autoritario o el regreso al presidencialismo absolutista de otros tiempos.