¿Requerimos una reconciliación nacional?
Las actuales circunstancias dejan a las instituciones oficiales sumamente cuestionadas, deterioradas, desgastadas…
Las actuales circunstancias dejan a las instituciones oficiales sumamente cuestionadas, deterioradas, desgastadas…
El país está pasando por una etapa crítica que raya en la incertidumbre, sin aterrizar un diseño de políticas públicas moderno.
Los estudios sobre el tema, sus causas y orígenes, arrojan dos vertientes a considerar.
La disyuntiva se presenta en la oferta de los candidatos y partidos políticos frente a lo que espera la ciudadanía.
La condena ha sido unánime, no existe justificación alguna.
Es momento de fijar el rumbo, poner orden, establecer las reglas.
Los procesos electorales están en puerta, lo que significa un desafío.
Con la reforma constitucional a la Procuraduría General de la Republica, para transformarla en Fiscalía General, se estableció también la creación de dos fiscalías específicas: la Fiscalía Anticorrupción y la Fiscalía Electoral, ambas con su denominación definen cada una la materia a atender.
Dentro del contexto por el que atravesamos, el presidente Enrique Peña Nieto no podía guardar silencio, todos esperábamos que algo dijera, que compartiera sus puntos de vista y las acciones que desde su posición va a implementar.
Los enredos de la Presidencia de la República y del gobierno federal han puesto en entredicho sus afirmaciones y provocado una crisis de credibilidad, ocasionando que las redes sociales estén a todo vapor echando mano del ingenio mexicano y enviando mensajes al por mayor, como fuente inagotable de severas críticas.
Tlatlaya y Ayotzinapa son claro ejemplo de una descomposición.
Los ministros que votaron en contra parece que fue más por cuestiones políticas, que por razones constitucionales.
La soberanía, principio recogido por la estructura constitucional, reside precisamente en el pueblo.
Las opciones para encontrar caminos de solución son pocas.
Un entramado de complicidades raya peligrosamente en la frontera de la seguridad nacional.
El poder y la ambición por encima del interés general del Estado mexicano resultan un despropósito mayúsculo.
El gobierno debe responder de sus actos y decisiones, otorgando especial cuidado al manejo de los recursos públicos.
Muchos gobiernos estatales han estado utilizando esos recursos económicos que pertenecen a los trabajadores para cubrir otros gastos.
El deterioro de los cuerpos de seguridad en México es evidente.
Inseguridad, impunidad, corrupción y pobreza El poder se ejerce, no se comparte Refrán popular Alejandro Zapata Perogordo La lucha por el poder político en las últimas décadas ha sido férrea, no se constriñe únicamente a los partidos políticos, también participan los grupos de interés, los poderes fácticos y en ocasiones se ha visto Seguir Leyendo