Futbol y existencia
El futbol es parte de mi vida. Jugarlo, verlo en el estadio o en la televisión, en el parque o en una cancha dispareja y terrosa, me causa gran emoción y de inmediato me conecta con la ilusión infantil.
El futbol es parte de mi vida. Jugarlo, verlo en el estadio o en la televisión, en el parque o en una cancha dispareja y terrosa, me causa gran emoción y de inmediato me conecta con la ilusión infantil.
Incontables son los retratos literarios que los poetas hacen de su bardo alabado, respetado, o bien de aquel que es blanco de sus injurias, pues en algunos casos sirven también para mofarse del talento poético, cuestionar la grandeza o dibujar al literato sólo con el propósito de hacerlo picadillo.
Nadie duda de la gran capacidad de Francisco de Quevedo para elaborar poemas de tonos, tintes, motivos y atmósferas distintos. Resuelto en la alucinación, contemplativo frente al motivo religioso, lépero gracioso ante los encantos de la mujer, intenso en la heladura ardiente del amor…
Pocos placeres tan alabados como el de la bebida, el de gustar licores audaces y reconfortantes, vinos nobilísimos que dobleguen las penurias e inviten al solaz y a la contemplación, a la seducción y al sosiego espiritual.
Poeta del amor, de la condición humana y la reflexión existencial, arrebatado y enjundioso, sensual hasta el temblor y meditabundo hasta la explosión de los sentidos, Vicente Aleixandre es creador de una obra lírica avasallante y necesaria, de grandiosas imágenes que atienden con la misma destreza y vértigo la culminación erótica, y la muerte implacable.
El tema religioso tiene un sitio dilecto en la tradición poética en lengua española. Poetas de diversos rumbos y estilos han dedicado sus esfuerzos a la alabanza mística y tienen en Dios, en Cristo, los santos o la virgen, sus lumbreras para expresar su devoción, ternura y lealtad espiritual.
El tiempo es implacable. Su paso no admite contemplaciones, derriba la ilusión, el regocijo, enfrenta la temeridad, la amargura…
Considerado en nuestros días un poeta popular de niveles medianos; un cantor prescindible, incluso para muchos críticos. El poeta asturiano Ramón de Campoamor fue presencia y gloria de su tiempo, alabado e imitado, celebrado por el gozo, dolor y sincero regocijo que transmitió.
El español José de Espronceda fue el escritor romántico por excelencia. Aventurero, defensor de causas sociales, errabundo, raptor de su amada, poeta. Más conocido por las composiciones “A Jarifa, en una orgía”, “La canción del pirata” y, por supuesto, “El Diablo Mundo”, su temperamento lírico abarcó también teatro y narrativa.
No es fácil lograr composiciones poéticas tocadas por el humor, la ironía y el ingenio chispeante; dibujar en los lectores una sonrisa de añoranza y aceptación con versos de meditada hechura y resoluciones festivas.
El poeta mexicano José Juan Tablada dejó a la literatura páginas perfumadas por el escenario exótico, estampas graciosas de Oriente y deseos desbordados. Sus poemas, de atmósferas extravagantes que aluden a territorios fantásticos con igual decoro que a lugares matizados por el embrujo y el misterio, nos hablan de una voz abrasiva cuya contemplación anima/enerva, despierta a faunos, seducidos, bellas mujeres y demonios, lo mismo que a diversos apetitos.
Escrito durante la segunda década del siglo XX, según una muy pequeña y encantadora edición de Aguilar, el Romancero gitano concentra algunos de los poemas más hermosos de Federico García Lorca, y más bellos de la poesía en lengua española.
El 19 de agosto de 1936 murió de manera trágica el poeta Federico García Lorca.
Autor de uno de los poemas fundamentales de la poesía mexicana, en el que metafísica y deslumbramiento, contrición y revelación convidan sus esencias: “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, convirtió la llama de la búsqueda/pérdida del ser en una reflexión mística/mítica sobre el quebranto eterno y la concepción del instante, del segundo como testimonio de la vida terrible y perdurable.
La mañana del lunes 10 de septiembre murió en la Ciudad de México el filólogo, humanista, narrador, ensayista y poeta, Ernesto de la Peña.
Más de veinte años se han cumplido del fallecimiento de Thomas Bernhard, y su obra aún conmueve y enerva, apasiona y repele.
Para Ana Laura Valencia Escasamente difundido en México, el poeta español Dionisio Solís tiene en su producción lírica una composición ingenua, de vuelos más íntimos que celestiales, tocada por una graciosa belleza y un sencillo candor:
El respeto que ganó el Conde de Villamediana como poeta y gallardo personaje avanzó por los siglos y los estilos literarios hasta encontrar en el Duque de Rivas —como apunté en mi anterior comentario de Con/verso— un leal animador de su donosura y fortuna. En esta entrega, toca el turno a Pablo Neruda de buscar el alma del malogrado Conde y exhumar sus aromas terribles.
La vida y la obra de Juan de Tassis han provocado encanto y admiración. Una suerte de melancólica devoción a su poesía intensa y a su carácter temerario que lo condujo al amor salvaje, secreto, a la seducción de la persona menos indicada, a una muerte bárbara en el enigma más profundo de la noche.
CON/VERSO César Arístides Don Luis de Góngora redactó algunos versos salvajes contra el “inocentísimo” don Francisco de Quevedo, y algunas réplicas rijosas contra el autor de La gatomaquia. El júbilo malévolo de Góngora despertó el refinado lado siniestro de Quevedo y ni tardo ni perezoso, ¡ni quieto ni mesurado!, el autor de El Seguir Leyendo