Las llamas del deseo

Hay algo en las películas dirigidas por Joaquín Pardavé, por encima y por debajo de las truculencias melodramáticas, de los excesos cómicos hasta la chabacanería: todas remiten a la pasión desbocada, al amor enfermizo, obsesivo, posesivo, de víctima y verdugo, sin saber quién es quién, sádico y masoquista, aunque a la vez, ofrecen la visión inocente del joven que se avergüenza de lo que ve y mediante el proceso de delectación de la experiencia, se transforma en vouyeurista o llanamente fisgón.

El embrujo de Columba Domínguez

Columba Domínguez fue una bella, contundente presencia fílmica. Enmarcado en rebozos, su rostro proyectó serenidad, sobre todo, por encima del dolor, la angustia, lo irremediable; sus movimientos corporales, precisos y elegantes, decían más de sus personajes que sus diálogos. Sus ojos, buscaban una verdad oculta más allá de la cámara; su mirada penetrante como una daga de jade, se hundía en la mente de los espectadores de sus películas.

In memoriam Bigas Luna Menos de lo que deja ver

En un recorrido por los cineastas más importantes del cine norteamericano, el más influyente crítico fílmico de Estados Unidos, Andrew Sarris, equivalente masculino de Pauline Kael (la más aguerrida y afamada de las ensayistas del celuloide), hacía una serie de divisiones para explicar el trabajo, la actitud, la orientación, el estilo de cada cineasta analizado; llama la atención un apartado que señala: “menos de lo que deja ver”.