Las llamas del deseo
Hay algo en las películas dirigidas por Joaquín Pardavé, por encima y por debajo de las truculencias melodramáticas, de los excesos cómicos hasta la chabacanería: todas remiten a la pasión desbocada, al amor enfermizo, obsesivo, posesivo, de víctima y verdugo, sin saber quién es quién, sádico y masoquista, aunque a la vez, ofrecen la visión inocente del joven que se avergüenza de lo que ve y mediante el proceso de delectación de la experiencia, se transforma en vouyeurista o llanamente fisgón.

