El conocido bibliófilo Camilo Ayala Ochoa (3 de octubre de 1967) acaba de publicar el breve compendio Adagios y exhortaciones del mundo libresco en la colección Minimalia de Ediciones del Ermitaño, donde reúne cien frases que sintetizan mucha de la sabiduría de autores, editores, correctores de estilo, diseñadores gráficos, libreros y derechos de autor. El volumen cierra con 30 sentencias acerca de el mundo editorial, inspiradas en la ley de Murphy. Transcribo el “Proemio” del libro y algunos botones de muestra.
Decía el filósofo José Ortega y Gasset que el trabajo ‘es un esfuerzo hecho a la fuerza en vista de su rendimiento’. Sin embargo, quienes somos parte del mundo de los libros solemos inclinarnos a creer que hay algo como una misión en nuestra actividad que nos produce embeleso y una pizca de orgullo. Así como hay impresores que huelen a tinta, libreros que terminan creyéndose encuadernados, correctores de estilo que le encuentran erratas a la vida, diseñadores que todo lo quieren justificar, hay editores que son, como los define Jorge Herralde, ‘un obseso que desea ser felizmente un obseso’.
El mundo editorial sigue siendo un gremio. Un maestro transmite el oficio a su aprendiz y esa cadena de relevos no está exenta de frases, adagios y dichos de uso común que se repiten y aprenden. Más allá de la jerga del papel, la edición, la corrección, el diseño y la imprenta, hemos ubicado las recomendaciones que usan distintas cofradías. La mayor parte de las aserciones no tiene autoría y son añejas; otras son recientes, pero tienen el suficiente valor como para llamarse a cuento. Una que otra se explica por sí misma; las demás tienen asentado su sentido. Algunos de estos proverbios pueden tener variantes, pero no los incluimos por mero afán de evitar ser oferentes ampulosos.
Para el gran cronista taurino Pepe Alameda el toreo no era graciosa huida sino apasionada entrega. Los autores, editores, correctores de estilo, diseñadores, ilustradores, impresores, encuadernadores, distribuidores, libreros, bibliotecarios y todo agente del mundo editorial advertimos que es posible que esa verdad se traslade de la tauromaquia a la edición. Nos percatamos a toro pasado. Tiempo, esfuerzo, energía, vista y memoria, se van dejando en los pliegos que mandamos entintar, doblar y enlomar. Después de varios años quedan las lecturas, la satisfacción de algunos títulos y la vista cansada.
Dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.- Es un consejo de Oscar Wilde.
Hablen cartas y callen barbas._ El texto debe defenderse solo. Hablar con los autores de las virtudes de sus obras es inútil, lo mismo es considerar el perfil del autor.
El mejor escribano echa un borrón.- El corrector de estilo debe desconfiar del texto sin tomar en cuenta al escritor, por muchos libros que tenga o muy alta autoridad que sea.
No cambies lo accesorio por lo esencial.- La mirada debe ponerse en la función lectora del libro. Un mal diseño mete en dificultades al lector.
Más atan papeles que cordeles.- No es posible solicitar un servicio a una imprenta o encuadernadora sin una orden escrita.
Si lo escucho, lo olvido; si lo veo, lo recuerdo.- Es más fácil ubicar el lugar en la librería que guarda un libro por la portada. La lección es que hay que examinar los libros y no las listas.
Corta, cortador y compón, cosedor.- Es un dicho sobre sastrería que algunos aplican al condenable acto de copiar y pegar en los textos.
Y aplicando la ley de Murphy:
Todo lo que edites podrá ser usado en tu contra.
Novedades en la mesa
Cuentos completos de Leonora Carrington, edición en pasta dura del FCE.
