“Soy brutal, obsceno y repugnante”, decía

El tres de agosto de 1997 Ira Silverberg, editor neoyokino de Grove Press dio a conocer mundialmente la muerte del último sobreviviente y máximo representante del movimiento beat: William S. Burroughs, inmortalizado sin duda por su ácida, contrariante, explosiva, procaz, desbordada y humana novela Nacked Lunch (Almuerzo desnudo) y quien junto a Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti dio la ardua batalla de la ruptura en el arte literario de su tiempo (años cincuenta y sesenta, básicamente).

El silencio luminoso

Lo primero que se ve es la espalda con sus juntes óseos serpenteando la plaza, las hebras castañas (“la luz de unos cabellos/ que no apaciguan nunca/ la sombra de mi tacto”: Octavio Paz) transfieren una alabanza al arco preludiado que oculta las extremidades y configura el redondel del apetito carnal. Después se ve la sombra de la vagina, mejor: se ve el resplandor de la vulva en el crepúsculo de la bragadura: Gustave Courbet/L’origine du monde (1866).

Los ganadores

Para cualquiera que se adentre en la política nacional es un hecho palmario que los gobernadores gozan de un poder enorme, cuyo único referente es la visita consuetudinaria que les hace el presidente de la República, y a quien le pintan las fachadas y le hacen inaugurar obras inconclusas cada vez que los .honra con su presencia”.