La sucesión presidencial
Ante la prematura apertura a la sucesión presidencial, los tiempos políticos sufren una apresurada modificación.
Ante la prematura apertura a la sucesión presidencial, los tiempos políticos sufren una apresurada modificación.
Aun desde antes de las elecciones se avizoraba la urgente necesidad de rehabilitar o reconstruir lo que queda de los Partidos Políticos.
Ante esa realidad, se han abierto las puertas de la especulación, sin que sea óbice el argumento de que se instalaron el noventa y nueve por ciento de las casillas, cuando se violentó la libertad del sufragio, principio toral de toda democracia.
Un aspecto que también es causa de división interna en los gobiernos, consiste en anticipar y dar pie a especular sobre los posibles sucesores, ya que alienta la percepción de salida y obviamente la conformación de grupos.
En principio el diagnostico que hace parte de una premisa falsa y equivocada, al calificar de poco solidaria a las clases medias; ciudadanos egoístas y aspiracionistas, que se dejaron manipular por los conservadores neoliberales.
En ese entorno, los acuerdos en la Cámara de Diputados para ver quien preside la Comisión de Puntos Constitucionales, se convierten en manzana de la discordia y moneda de cambio.
Con escasas excepciones ha predominado la lucha entre el bando de los buenos contra los malos, ambos prácticamente sin propuesta, mientras unos buscan la mayoría en la Cámara de Diputados para impulsar la 4T.
El principal protagonista de estas elecciones es el presidente de la República quien se ha colocado en su papel de candidato a vencer sin estar en la boleta, su injerencia en las campañas durante las mañaneras indudablemente tiene tintes electorales.
Se ha abandonado el concepto del bien común y el respeto irrestricto a la dignidad de las personas y con ello se ha abandonado la confrontación de las ideas, el dialogo, la propuesta y el razonado debate.
En efecto, desde que inició el servicio del metro en esos tramos, tuvieron pleno conocimiento de una mala planeación, así como deficiencias en el diseño y construcción.
Abrigamos la esperanza de tener un Congreso plural y equilibrado, ya que así estarán obligados a buscar acuerdos y construir mayorías, sin la denigrante practica de la sumisión en que cayó gran parte de los integrantes en la legislatura saliente.
Algo innegable es que la agenda nacional está en manos de López Obrador, quien, desde sus polémicas mañaneras, impone los temas que considera relevantes y minimiza aquellos rubros que le son inconvenientes.
Una reforma que prácticamente estaba consensada, siguiendo por sus trámites el proceso parlamentario, pasando los filtros en comisiones, su aprobación por el pleno del Senado se apreciaba sin sobresaltos.
Valga decir, que ni el propio presidente en sus mañaneras con todo y sus excesos verborreos se ha atrevido a tanto, el morenista Salgado Macedonio cruzó los limites en todas sus formas.
En esa lógica, quien aspire a la reelección se encuentra obligado a enfrentar a sus electores, tendrá que hacer alarde de sus logros en el desempeño del cargo, probar que cumplió con eficacia la encomienda otorgada en las urnas.
Cabe decir que la izquierda tradicional ha sostenido la representación pura, impulsando inclusive la integración de la Cámara Baja mediante el sistema de representación proporcional.
La pérdida de empleos; el cierre de empresas; la cancelación en proyectos de inversión; el incremento de la deuda; la pérdida de empleos; y los precios del crudo, son apenas algunos factores que han incidido en la economía.
Si bien es cierto que ha sido transparente al comunicar sus decisiones y preferencias, también lo es, que éstas no siempre se apegan a los principios constitucionales y en múltiples ocasiones se encuentran al margen de la legalidad.
Si bien es cierto, que la renovación de la Cámara de Diputados es un aspecto que reviste la mayor importancia, también lo es que, al grueso del electorado en términos generales, no le despierta mayor interés
Cada día se abren más frentes por parte de la administración en turno, sin dar salida ni respuesta a los urgentes problemas por los que atravesamos, tal parece que el deporte nacional consiste en el permanente conflicto antes de buscar soluciones.