¡Sin novedad en el frente!
La persona nombrada como fiscal general estará hasta 2024, es decir, lo que resta del sexenio y la totalidad del siguiente.
La persona nombrada como fiscal general estará hasta 2024, es decir, lo que resta del sexenio y la totalidad del siguiente.
En el ámbito de la presidencia, dada la obligación constitucional de entregar el correspondiente informe al inicio de septiembre, ese mes se toma como referente para llevar la cuenta sexenal del mandato, aunque estamos ciertos de que en términos reales es a finales de noviembre, sin embargo, prevalecen los tiempos políticos.
Después de haber transcurrido los procesos electorales más enrarecidos de la historia contemporánea del México moderno, bajo un cúmulo de análisis, opiniones, proyecciones y prospectiva que vaciaron los tinteros y despertaron diversas expectativas, ahora las fuerzas políticas entran en el terreno de la autocrítica y, con objetividad manifiesta derivada de los resultados obtenidos, hacen su corte de caja.
La lucha por el poder se aprecia en toda su expresión en las campañas electorales, donde se muestra el verdadero rostro de muchos candidatos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de llegar, incluyendo el ridículo: los vimos bailando, cantando, diciendo y haciendo disparates, prometiendo cuanta ocurrencia les venía a la cabeza y hasta amenazando y golpeando, pasando por el reparto de despensas y la compra del sufragio.
A efecto de estar ciertos hacia dónde transitamos, es menester escudriñar los cimientos del pasado, evocar las experiencias registradas en los anales de la historia y aprender de ellas, para evitar el tropiezo nuevamente con la misma piedra. Son momentos para recordar los ideales que inspiraron grandes movimientos sociales, aunque ahora —salvo algunos destellos— se perciben extraviados en la espesura de la confrontación electoral.
Una de las premisas fundamentales para sostener y fortalecer un sistema democrático, consiste en el irrestricto respeto a la dignidad de las personas, incluso ese concepto forma parte del lema adoptado desde sus inicios por el PAN: “Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos”, en tanto que encierra un significado indisolublemente vinculado a los derechos y las libertades.
Las campañas políticas sirven para realizar un verdadero ejercicio de valoración en relación con el estado que guarda el país; es un alto en el camino para llevar a cabo todo un proceso de reflexión en torno al panorama del momento: ¿de dónde venimos, cómo nos encontramos y hacia qué rumbo vamos?, se traduce en una consulta ciudadana en un acto de soberanía para que cada quien en lo individual manifieste su parecer.
Lo ocurrido el pasado viernes primero de mayo en el estado de Jalisco, que se extendió a algunos lugares de Michoacán, Colima y Nuevo León, pone de manifiesto la incapacidad de los sistemas de inteligencia del país a efecto de prevenir y anticiparse ante actos que no solamente exhiben a las autoridades, sino que además es un evidente reto al Estado mexicano.
Con bombo y platillo se ha anunciado el tan anhelado Sistema Nacional Anticorrupción, recién incorporado dentro del texto constitucional como una reforma de alto calado, que viene a colmar los encendidos ánimos de la sociedad en estas épocas electorales al ser el tema más recurrente y, en términos cotidianos, la queja más frecuente.
Algo está pasando, tanto dentro como fuera de los partidos, se percibe en el ambiente y, sin duda, en las declaraciones y posturas de los propios dirigentes, se viven varias realidades diferentes a un mismo tiempo. El hecho es que la crisis del país también le pega a los partidos y algunos de ellos dan causa para agudizar aún más la falta de credibilidad de la sociedad en la clase política, como es el cinismo del Partido Verde, claro ejemplo del doble discurso, pues mientras hablan de honestidad y legalidad, son sancionados por incurrir en el engaño, la trampa y el fraude a la ley.
Las nuevas generaciones han decidido rescatar México.
Han comenzado las campañas políticas en medio de una crisis y un enrarecido ambiente como nunca se había percibido en el país, prácticamente todos los partidos tienen sus dificultades internas, líderes tránsfugas y a la vez deben convencer a un electorado descontento y desanimado.
Los privilegios y las consignas provocan rencores sociales.
El problema estriba en que nadie cree en las autoridades y, por lo tanto, las considera carentes de calidad moral.
Lo que le faltaba al desprestigiado gobierno mexicano: una disputa donde se cuestiona la libertad de expresión, tema por demás utilizado como una de las principales banderas de los derechos humanos y sostén en las democracias modernas.
El semáforo en verde indica el arranque de las campañas políticas, están en disputa nueve gubernaturas, un sinnúmero de ayuntamientos, congresos locales y la renovación de la Cámara de Diputados, esta última con relevancia especial, ya que desde ahí se define el presupuesto y, por lo tanto, es susceptible de acuerdos, negociaciones y controles, dependiendo del número de curules que tenga cada partido político, en consecuencia, se pondrá énfasis en obtener mayorías.
La declaración del recién galardonado Alejandro González Iñárritu, en plena ceremonia de la entrega de los Óscares, cuya audiencia es a nivel mundial, solicitando un mejor gobierno para México, pareciera un grito desesperado dando voz a un pueblo desconfiado.
Las actuales circunstancias dejan a las instituciones oficiales sumamente cuestionadas, deterioradas, desgastadas…
El país está pasando por una etapa crítica que raya en la incertidumbre, sin aterrizar un diseño de políticas públicas moderno.
Los estudios sobre el tema, sus causas y orígenes, arrojan dos vertientes a considerar.