EUA y la “pandemia” del supremacismo blanco
Decir que algo extraño sucede en las dominios del Tío Sam sería una simpleza, pero sin duda las cosas andan revueltas por esos lares y mucho.
Decir que algo extraño sucede en las dominios del Tío Sam sería una simpleza, pero sin duda las cosas andan revueltas por esos lares y mucho.
En su discurso, el hombre que conduce los destinos del pueblo ruso intercaló algunas “razones” con el ánimo de que sus órdenes se “entendieran” aquende y allende los mares: “Kiev anunció una eventual adquisición de armas nucleares”.
Una vez más la Tierra se cimbra por el estallido de los misiles que destruyen vidas de seres humanos inocentes y derrumban casas, edificios, fabricas e instalaciones de una sociedad que lucha por conseguir un mejor futuro para sus habitantes en forma civilizada.
La declaración del todavía joven Emmanuel Macron es algo que con frecuencia olvidan los titulares del Poder Ejecutivo en muchas partes, como sucede con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.
Aunque parezca increíble, fuera de Rusia hay muchos simpatizantes de la sanguinaria invasión que el presidente ruso ordenó desde hace más de dos meses. En México, los hay, sobre todo dentro del gobierno federal.
El racismo es una más de las lacras que una parte de los seres humanos han inferido a los sectores menos favorecidos y que, infortunadamente, hasta la fecha, se continúa repitiendo.
La retirada este fin de semana de las tropas rusas de Bucha. —muy cerca de aquella—, dejó un reguero de cadáveres en las calles, en casas y departamentos, casi todos civiles (muchos con las manos atadas a la espalda y con el tiro de gracia en la nuca).
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que también goza de mucha popularidad en su país —lo que demuestra que el combate a la criminalidad no es asunto de popularidad—, tuvo que enfrentar el sábado 26 de marzo, el día más violento de su historia reciente con 62 asesinatos.
Lo cierto es la invasión de Rusia a Ucrania, con la perspectiva de que otros países, colindantes o lejanos, se impliquen en la contienda. Aunque dirigentes de las grandes potencias tratan de evitar un Armagedón nuclear.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía de “una emergencia de salud pública de interés internacional”, el mismo día, 30 de enero, el magnate presumía: “Lo tenemos bajo control”.
De acuerdo a la versión del jefe de la diplomacia ucraniana los jóvenes se han alistado en la Legión Internacional de Defensa, por medio de las “benditas” redes sociales, hecho que calificó como “sencillamente impresionante”.
En pocos días —tan pocos que nadie puede asegurar el desenlace de este “juego peligroso” en el que Vladimir Putin apostó casi “todo o nada”—, parece que Occidente decidió cerrar sus filas ante el desafío del dirigente ruso al bravocunear con su armamento nuclear.
Pero si Rusia invade Ucrania en los próximos días, el resultado de esta acción será muy diferente a lo sucedido en ocasiones anteriores. Hay muchas señales de que el mundo podrá entrar en una alarmante nueva era en la que el autoritarismo marcará la pauta.
De lado y lado, la impresión es que nadie quiere dar el primer paso, pues hacerlo es fácil, detenerse ya no tanto. Es malévolo el ajedrez que juegan los interesados. Lo que suceda afectará a todos.
Aseguran los especialistas del gobierno británico que Elizabeth II, desde que ascendió al trono a los 25 años de edad, entendió la importancia del silencio, de no expresar sus opiniones.
En el intercambio de dimes y diretes entre las principales cabezas que “manosean” el conflicto, resalta los dichos del Kremlin mediante los cuales insiste en “que no quiere la guerra, pero continúa enviando tropas a la frontera ucraniana”.
Putin saben hasta dónde puede resistir la liga. Lo evidente es qué hay más focos rojos en Ucrania y la Casa Blanca ordena a sus diplomáticos abandonen Kiev, la capital ucraniana, a la brevedad posible.
Parece que la buena suerte de Boris Johnson terminó; a lo largo de su carrera siempre conseguía salir victorioso de las circunstancias más conflictivas. En esta ocasión su posición es muy complicada.
James Buchanan asumió la presidencia del vecino del norte el 4 de marzo de 1857, hace casi 165 años, cuando EUA era un país totalmente polarizado entre esclavistas y abolicionistas.
Como preparativo del primer aniversario del asalto al Capitolio, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EU, anunció el 1 de enero una serie de eventos para conmemorarlo.