¿Perder o no jugar?

Estamos en tiempos en los que los anhelos presidenciales tienden a incontrolarse. Esto no quiere decir que sea un error. Cada quien sabe el cálculo de su tiempo y sabe la oportunidad para empezar. Muchos espectadores ya empiezan a mencionar a los que les notan posibilidades. Hillary Clinton, Jeb Bush, Donald Trump, Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera y el permanente Andrés Manuel López Obrador.

Umbrales del escándalo

No debieran pasar inadvertidos muchos de los acontecimientos que se nos han vuelto consideraciones de mero rigor jurídico. Manipulación de ciudadanos, latrocinios espectaculares, persecuciones políticas, escándalos desenfrenados, apropiación de los dineros y de las potestades y “privatización” de la ley no pueden pasar ante nuestros ojos como meros incidentes penales o como simple noticia roja.

Siete factores para la gobernabilidad

Estos que estamos viviendo son tiempos en los que es imperativo hablar de hechos y de realidades. Sin menoscabo de nuestras esperanzas, hay que prevenirse frente a la ensoñación. Requerimos que, tanto los gobernantes como los gobernados se refieran al Estado, a la nación y a la sociedad. No a la belleza, ni al placer ni a la felicidad. No como filósofos sino como estadistas. No complaciendo, sino conduciendo. Asumiendo su lugar sin simulación. Sabiendo y aceptando consecuencias. Trabajando, no especulando.

Pensamiento político elemental y depurado

Existen dos formas esenciales de concebir los asuntos de lo político. Una de ellas es sencilla y simplona. Es lineal y plana. Es primitiva y muy inútil para las soluciones. Algunos lo han llamado “pensamiento político elemental” y se caracteriza por un maniqueísmo que conduce a pensar que existen dos bandos definidos donde se puede encuadrar a todos los hombres.