Sin mirarse al espejo
Un minero sobreviviente de ese derrumbe e inundación señaló desde el inicio de la tragedia: “Vi que el agua cubría a mis compañeros”, ojalá ese redivivo haya visto mal, por el bien de esas vidas humanas y de sus familias.
Un minero sobreviviente de ese derrumbe e inundación señaló desde el inicio de la tragedia: “Vi que el agua cubría a mis compañeros”, ojalá ese redivivo haya visto mal, por el bien de esas vidas humanas y de sus familias.
Cuando firmó el mandatario mexicano ese T-MEC, y lo aprobó el senado de nuestro país, tanto el ejecutivo como esa parte del legislativo estaban ejerciendo la soberanía nacional, y separaron los hidrocarburos en un exclusivo capítulo, de todos los demás energéticos.
La buena fe del presidente Andrés Manuel López Obrador no se percibe, al decidir personalísimamente, sin investigaciones y estudios pertinentes, el inicio y prosecución de esa obra pública apurada de costoso monto: el tren maya.
Juárez fue un presidente que siempre respeto el derecho. Escogió colaboradores más preparados que él y los dejó que con plena libertad ejercieran sus atribuciones. Fue inquebrantable en su proyecto de unir a los mexicanos, siendo respetuoso con sus adversarios.
Ni duda cabe que fue un presidente poderoso, de sueños populistas, el más trabajador de los presidentes del siglo XX y lo que va del siglo XXI, un dínamo de actividad inusitada, mañana, tarde y noche, en todo el territorio nacional y fuera de él.
Aunque ahí mismo, en esa ceremonia en donde se inauguró lo poco inaugurable, se firmaron convenios con varias compañías extranjeras, en donde PEMEX y CFE tienen exclusivamente el 10 por ciento o el 15 por ciento de las acciones.
Lo que pasa es que esa tragedia no es exclusiva de los católicos. Esta desventura no es únicamente para los 130 millones de mexicanos, sino que la estamos exportando y compartiendo con la población de muchos países.
Y el populista es popular hasta que la pirámide se cae, hasta que la escalera no soporte más, o hasta que, ante la vista de todos, exploten los duros resultados de sus impertinencias.
En la jerga política nacional, desde hace cerca de un siglo, la gente empezó a llamar tapados a aquellos prospectos que deseaban llegar a obtener la candidatura del partido hegemónico (PNR, PRM y PRI) a la presidencia de la república.
Cuántas cosas ha afirmado el presidente en foro de cobertura nacional que no ha probado nunca; en donde sus decires, hasta los contradictorios, ahí quedan sin más. Y juzga, de la manera más liviana, sin mayor responsabilidad.
Ha roto, con su diario decir, la idea válida de que un presidente no divide a los mexicanos, sino que los suma a todos, debiendo multiplicar su buena relación con ellos por bien del país, pero no restarlos.
Una de nuestras áreas urgentes es: como terminar con la violencia y la guerra, cuando vivimos en una época en que ambas pueden tener causas y efectos internacionales e, incluso, mundiales.
Y todas las personas son todas: ricas y pobres, mujeres y hombres, niños y ancianos, educados y analfabetas, religiosos y ateos, extranjeros y mexicanos, humanos de bien y delincuentes; es decir, todas.
Ahora, en su tarea política electorera, AMLO pretende ampliar su radio de acción; por eso visitó Guatemala, El Salvador, Honduras y Cuba, para hacer un bloque antes de asistir a la reunión organizada por EU con naciones americanas.
La crítica y la oposición a su forma de ejercer el poder no pueden calificarse de traición a la patria, por más que él reiterativamente lo repita, y le quiera agregar una ilegal e indebida penalidad.
Seguramente el titular del ejecutivo federal nunca ha leído los artículos del 123 al 126 de tal codificación y, por ende, no precisa lo que es en el campo del derecho “la traición a la patria”. Él, simplemente a todos los que están en contra de sus ocurrencias los tilda de traidores a la patria.
Esta Semana Mayor, como también se le denomina, es como cada individuo la ve, la vive y la aprecia, según el color del cristal con que la mire, la goce, la padezca y estime.
Desde que soy ciudadano no he faltado a ni un proceso electoral; por ende, decido no ir a sufragar en ese evento; mi razón juzga que esa “revocación” es inconstitucional.
Esa estructura concentradora, ese sistema de aglutinación, es la principal causa de la mala distribución económica que tenemos, es el gran motor que todos los días pone triunfante y en marcha a la enorme corrupción nacional que padecemos.
Ese próximo pasado 21 de marzo (para el gobierno federal al menos) fue el Día de Andrés Manuel López Obrador y del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, conocido por sus siglas: AIFA.