El caso Evo
El problema fue que el virus del poder se enquistó en sus ambiciones para pretender continuar en su mandato presidencial, algo que suele suceder en la gente de las elites.
El problema fue que el virus del poder se enquistó en sus ambiciones para pretender continuar en su mandato presidencial, algo que suele suceder en la gente de las elites.
La gobernabilidad está en predicamentos porque la responsabilidad del Estado mexicano parece haberse congelado, los resultados han sido funestos porque los índices se han disparado como la metralla.
El radicalismo ha tomado muchos espacios de la discusión pública, la bipolaridad entre corifeos del mandatario López Obrador y muchos de sus malquerientes que le satanizan aunque a los antecesores les perdonaron todo.
En lo concerniente a la tradición del Día de Muertos éste tiene su simbolismo, el retrato de una cosmogonía viva que se refleja de diversas maneras en las zonas indígenas michoacanas.
La pacificación del país parece una utopía si revisamos los hechos de actualidad, el crimen organizado mantiene su presencia ominosa un día si y otro también.
La intentona del gobernador electo es una burla que desnuda su apetito por el poder y el desdén a las prácticas más saludables, lo muestra como enemigo de la democracia y desconocedor de la legislación vigente.
La corrupción no desaparecerá por arte de magia, es un asunto complejo que no tiene ideología sólo que ha contribuido para minar la fuerza moral en las instituciones.
En la actualidad el estado mexicano atraviesa una crisis ostensible porque la corrupción y la impunidad hace mucho tiempo se han caracterizado por ser los problemas estructurales.
En fin, nadie discute el papel central de Vicente Fox en la alternancia al inicio del siglo XXI, aunque su desempeño como mandatario fue mediocre.
Durante su gestión presidencial Luis Echeverría Álvarez decretó que Vicente Guerrero fue el consumador de la independencia, el maniqueísmo nutrido de la desinformación y los sesgos.
El crimen organizado y desorganizado secuestró la vida sosegada para mostrar sus fauces, las estadísticas actuales en cuanto a homicidios dolosos parecen no mermar.
La cultura no es un tema prioritario en la llamada Cuarta Transformación, apenas si mencionó algo relacionado con el Centro Cultural Los Pinos.
El PRD en la actualidad luce un panorama sombrío que lo sitúa al borde de la extinción con solo una gubernatura en su haber, la de Michoacán.
Al abordar el tema de la corrupción son muchos los casos que vienen a la mente, como el de aquel alcalde de Nayarit que dijo que robó pero poquito.
En la elección interna de dirigente nacional del tricolor, se hizo gala de las prácticas que representan una obsoleta liturgia, algo que augura que no habrá cambios en dicho partido.
No hay fin que justifique este tipo de crímenes, el gobierno mexicano debería no sólo condenarlos sino actuar para proteger a nuestros connacionales.
El tema de la cultura en nuestro país no ha sido atendido por el actual gobierno federal, ni en diseño ni en pronunciamientos de los funcionarios en turno.
Entre las causas que se ubican detrás de esta crisis, tenemos al pragmatismo y una desorientación que sufren los institutos políticos.
El combate a la inseguridad ha demostrado que los últimos gobiernos federales no han contado con la estrategia adecuada para lograr una solución tantas veces esperada.
Incoluado del virus de la soberbia, el gobierno de López Obrador carece de autocrítica, pues los gobernantes no son infalibles.