Al maestro
La educación, por ser un tema de la mayor importancia para el país, debe ser un espacio para formar ciudadanos.
La educación, por ser un tema de la mayor importancia para el país, debe ser un espacio para formar ciudadanos.
Un triste festejo tuvo el sol azteca a tres décadas de su fundación, pues el balance que ofrece luego de su paso por el gobierno no es positivo.
El tema de la inseguridad, como se demostró en Veracru, se ha convertido en el gran reto de López Obrador, quien insiste en culpar al pasado de esto.
La oposición se da vuelo cuestionando al gobierno de López Obrador, está en su papel, siempre ha sido la constante, lo hizo Morena al estar del otro lado.
La inseguridad tiene repercusiones de diversa índole, la economía regional es afectada porque se diluye la seguridad jurídica que inhibe inversiones e incrementa los delitos patrimoniales y se genera un círculo vicioso.
En nuestro país los mandatarios carecen de un alter ego que les conmine a bajarle a la euforia momentánea para que se centren en las verdaderas prioridades.
Lo verdaderamente importante es cómo construir políticas públicas sólidas que disminuyan la violencia.
Son muchas las versiones, escurren las hipótesis pero lo indiscutible fue que lo asesinaron y la conclusión del caso nunca se creyó.
Un asunto es criticable a Juárez en su tiempo y el nuestro, su apego al poder. Porfirio Díaz se rebeló por su pretensión a la presidencia con una bandera que luego sería usada en su contra por el presidente Francisco I. Madero: sufragio efectivo, no reelección.
Aún es prematuro hacer un balance en torno a la gestión de López Obrador, quien también tiene críticos furibundos que nada dejan pasar, aunque en contraparte tiene defensores oficiosos que no se distinguen por los mejores argumentos.
El PRI está noqueado, las consecuencias de un gobierno extraordinariamente corrupto como el de Enrique Peña Nieto surtió sus efectos nocivos, igual que la práctica depredadora de exgobernadores como los Duarte y compañía.
Yalitza fue criticada con dureza, más que por argumentos por mezquindad, Sergio Goyri es una muestra evidente.
Quedaron pendientes muchos temas: no hubo reunión con familiares de los 43 normalistas desaparecidos, no se mencionó a los autodefensas presos, no se deploró la suciedad legada por los pederastas. Todo eso quedó en expectativa.
La más alta tribuna de la nación se ha rebajado, se ha pervertido, esa es una realidad indiscutible.
Se incrementará el número de partidos y el dinero público financiará una burocracia que suele ser anodina y costosa.
Se promueve desde las redes sociales, en esos espacios virtuales abundan los despropósitos, se multiplican las calumnias y sobran los adjetivos.
La lucha del poder por el poder como sea, en ocasiones de forma grotesca.
Los grandes problemas no solo se resuelven a golpe de voluntarismo.
Parece que no amaina el clima de crispación que deriva de una polarización que se ha prolongado.
Sería catastrófico dejar espacios para el más amargo pesimismo, el cual podría abatir la capacidad de asombro e indignación.