La oposición desaparecida u oportunista
El Partido Verde Ecologista de México se comporta como ha sido su cortumbre, es decir en el oportunismo sin una definición ideológica y apostando a un evidente populismo legislativo.
El Partido Verde Ecologista de México se comporta como ha sido su cortumbre, es decir en el oportunismo sin una definición ideológica y apostando a un evidente populismo legislativo.
La insensibilidad en un alto número de integrantes de la clase política es obvia, es claro que muchos aún viven en la edad de la oscuridad en que rifaban los dogmas y se combatió a la ciencia.
Los feminicidios han registrado un funesto incremento que irrita y enfurece, ante el vendaval desatado de la inseguridad los gobiernos dan palos de ciego porque no atinan a resolver el problema que crece cotidianamente.
El presidente de turno fue el gran concentrador del poder político, hierofante, jefe de las fuerzas armadas, gran elector y una serie de componentes metaconstitucionales.
El 5 de febrero se cumplieron 103 años de la promulgación de nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, misma que se efectuó en 1917 en el ahora llamado Teatro de La República de Querétaro.
Ningún gobierno, tenga el origen que sea ideológicamente, actúa bien si excluye las voces discordantes porque la unanimidad no existe y menos en la era de la diversidad que es legítima.
Los Legionarios de Cristo, cuyo líder moral fue Marcial Maciel han acumulado lastres, deterioro y muchos casos documentados de abuso sexual contra menores, ofrecen disculpas reiteradamente.
Lo último que se ha registrado, de manera especial, es un caso perpetrado en un colegio de educación básica en Torreón, allá en la Laguna un niño mató a su maestra.
El pensamiento único no existe, la pluralidad ha madurado como derivación de la praxis democrática, la disidencia fundada hace bien, resulta saludable.
En el año 2019 se evidenció, también, la declinación ideológica de los partidos políticos ayunos de ideología y trepados al pragmatismo más evidente, la oposición luce extraviada con propuestas apenas audibles.
Es el tiempo de hacer un corte de caja, los balances reflejan lo hecho y lo que se omitió; es obvio que a nuestro país le hace falta una auténtica pacificación que debe provenir de la norma.
Muchos de los que expresan notas laudatorias a Benito Juárez cada 21 de marzo en la práctica son antijuaristas, no procesan el término de austeridad republicana.
El debate continúa no de la mejor manera posible, porque lo que escuchamos es más bien la diatriba más evidente, desde quienes irracionalmente atacan al presidente y de quienes lo defienden de igual manera.
El caso mexicano es extraño, nuestra democracia está en maduración porque la transición política registra altibajos, ya tenemos alternancia desde hace no muchos años
El problema fue que el virus del poder se enquistó en sus ambiciones para pretender continuar en su mandato presidencial, algo que suele suceder en la gente de las elites.
La gobernabilidad está en predicamentos porque la responsabilidad del Estado mexicano parece haberse congelado, los resultados han sido funestos porque los índices se han disparado como la metralla.
El radicalismo ha tomado muchos espacios de la discusión pública, la bipolaridad entre corifeos del mandatario López Obrador y muchos de sus malquerientes que le satanizan aunque a los antecesores les perdonaron todo.
En lo concerniente a la tradición del Día de Muertos éste tiene su simbolismo, el retrato de una cosmogonía viva que se refleja de diversas maneras en las zonas indígenas michoacanas.
La pacificación del país parece una utopía si revisamos los hechos de actualidad, el crimen organizado mantiene su presencia ominosa un día si y otro también.
La intentona del gobernador electo es una burla que desnuda su apetito por el poder y el desdén a las prácticas más saludables, lo muestra como enemigo de la democracia y desconocedor de la legislación vigente.