Pendientes por abordar
La economía y la inseguridad son un binomio que requiere de un abordaje profundo.
La economía y la inseguridad son un binomio que requiere de un abordaje profundo.
Tan resulta evidente el desgaste de los partidos políticos tradicionales que en las últimas semanas numerosos cuadros alejados de la ortodoxia se han enlistado para buscar posiciones electorales, luchadores, futbolistas y payasos; les asiste el derecho para ello.
La clase política tradicional vive un momento de erosión e indefinición ideológica.
En pleno siglo XXI se pensaría que la democracia, la tolerancia y los valores propios emanados de la libertad han adquirido la suficiente potencia para suponer que el debate de las ideas sería un elemento común para tener como base la diversidad como la gran bandera de la posmodernidad, pero no es así, aún el fanatismo cavernario irrumpe insaciable para aniquilar a quien piensa diferente.
Comienza 2015, las esperanzas, renovación de propósitos y el cúmulo de buenos deseos desfilan como suele acostumbrarse. Atrás queda 2014, que fue funesto en muchos temas que siguen presentes porque representan flagelos imborrables, se espera un golpe de timón desde la Presidencia de la República, urgen los cambios con la restauración social.
Luisa María Calderón Hinojosa será el candidato panista al gobierno de Michoacán el próximo año, los otros panistas que aspiraban —el senador Salvador Vega Casillas y Marko Cortés— declinaron por la consanguínea del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, será la segunda vez que compita luego de que en su anterior intento fuera derrotada por Fausto Vallejo.
La democracia no puede ser un peligro sino más bien una oportunidad para transformar.
Parece no haber lugar para la vida sosegada en nuestro país, escuchamos, leemos casi a diario anuncios triunfalistas de los gobiernos de diferentes niveles, todos exentos de autocrítica; mientras eso sucede, de manera paralela continúa el embate de la criminalidad.
Navarrete no atina a contar los daños, el accionar tardío reflejó lo pasmado de la estructura burocrática.
El PRD hace mucho tiempo dejó de lado los movimientos sociales, distante de los primeros años en que confrontó el salinato, aquella etapa fue aciaga porque la lucha fue desigual, se estilaba la cultura del fraude electoral, la persecución sufrida en el antiguo régimen fue evidente, acaso ello fortaleció su agenda programática. En la actualidad es un partido común.
Desde hace meses vivimos bajo el signo de una violencia que se ha expresado de diversas maneras, la crispación se manifiesta cada vez de maneras más diversificadas, ello dibuja una crisis que no es exclusiva del gobierno federal, o estatales, el propio Cuauhtémoc Cárdenas ha solicitado a Carlos Navarrete que renuncie a la dirigencia nacional del PRD, con lo que se refleja el alcance de la siniestra sombra de Iguala.
Ayotzinapa está omnipresente, los dramas se han multiplicado sin que haya respuestas convincentes, la protesta se extiende como enredadera en nuestro país, por el mundo, la ausencia de justicia es real aunque muchos discursos machaquen lo contrario.
Horas de apremio, tiempos difíciles y multiplicación de protestas de diversa índole se extienden por todo México, los motivos son diversos aunque el epicentro de ello se registra en Ayotzinapa porque no aparecen los 43 normalistas que en determinado momento fueron sustraídos, instituciones públicas de enseñanza superior se han sumado, como la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la demanda es de justicia, la pelea contra la impunidad.
Rasgos característicos de los pueblos porque aquilatan su historia.
Guerrero también ha sido el feudo de caciques y de movimientos sociales.
El descrédito acumulado en los partidos es creciente porque cada día hay más motivos para ello.
La exigencia de justicia no se extingue como tampoco el dolor de los deudos de los jóvenes asesinados en Iguala.
Se significó por el patriotismo, una visión republicana que le llevó a promover una Constitución.
Acción Nacional es un partido septuagenario que pareció extraviarse al asumir el poder.
No hay fin que justifique aquella barbarie que se inscribió en la historia reciente.