Viraje del chavismo
La normalidad democrática inscribe a la alternancia como un ingrediente esencial que sirve para ahuyentar el fantasma del autoritarismo, cada vez es más común que no siempre ganen los mismos en el terreno electoral.
La normalidad democrática inscribe a la alternancia como un ingrediente esencial que sirve para ahuyentar el fantasma del autoritarismo, cada vez es más común que no siempre ganen los mismos en el terreno electoral.
Comenzó la segunda parte de la gestión gubernamental del presidente Enrique Peña Nieto, sin intermedios, con sendos claroscuros y con expedientes polémicos no aclarados que le persiguen ante una opinión pública politizada, cuestionadora que no deja pasar nada.
La izquierda mexicana tiene una recurrente tendencia a la fragmentación, pareciera ya una característica arraigada a su propia naturaleza, tal vez como un contrapeso natural por lo que representa, sus propios anticuerpos. El PRD había sido hasta hoy la expresión de izquierda más exitosa en nuestro país, cuando menos así lo atestigua la historia reciente; pero en el último proceso electoral sufrió serios descalabros en regiones que habían adquirido el valor agregado de ser sus bastiones naturales, la capital del país, la joya de su corona.
Ante la evidente erosión de la clase política, en términos generales, se empoderó otro paradigma de participación política que ha sido visto como una bocanada de aire nuevo, el de las candidaturas independientes, aunque habría que señalar que hasta el momento son una incógnita en casos específicos como en Nuevo León, Jalisco, Sinaloa y la ciudad de Morelia.
La muerte la relacionamos en muchos casos con actos cruentos, manifestaciones violentas y trances desgarradores; los últimos años han registrado acontecimientos de horror. Los linchamientos se han constituido como una maquinaria de miedos que estallan como emergente inquisición para dibujar otra domensión de impunidad.
México es un Estado laico debido a lo que tal vez sea la aportación más reconocida de los reformistas, que demolieron las reminiscencias medievales de un clero insaciable, aunque los claroscuros en nuestra historia hacen aflorar contradicciones pendulares que van desde el jacobinismo de Plutarco Elías Calles hasta la genuflexión de Vicente Fox.
La democracia ha sido una asignatura abordada a medias desde tiempos lejanos en nuestro país, siempre se argumentó su precaria inexistencia, se trató de cubrir la forma aunque el fondo simplemente fue contradictorio. Porfirio Díaz dijo en 1908 que México ya estaba listo para la democracia, aunque el dictador se empeñó en que fuera aplazada hasta que terminó por exiliarse en Francia, donde murió.
Michoacán registró de nuevo la alternancia, con ella arribó Silvano Aureoles Conejo y se pondrá el énfasis en la gobernabilidad como condición inaplazable para terminar con la irrupción de focos rojos que han sido indicativo de violencia e impunidad a gran escala.
La historia reciente de nuestro país no ha dejado de reflejar en diversos lapsos manifestaciones tan brutales como primitivas, la represión asomó su rostro y sus efectos han sido devastadores como lo prueba la guerra sucia del gobierno federal contra los brotes disidentes en décadas anteriores.
Faltan escasos días para que en Michoacán se realice el relevo gubernamental, se va el sustituto Salvador Jara, con mucho más pena que gloria; encabezará el Poder Ejecutivo Silvano Aureoles Conejo a partir del primer día de octubre. Los retos de una entidad que ha estado convulsionada son diversos, no deben eludirse: el endeudamiento público es el más alto en la historia, la inseguridad ha dejado sus huellas frescas, en la Tierra Caliente se ubicó el epicentro de los grupos de autodefensas. La impunidad no se desterró.
Las costumbres pueden mutar, lo hacen, en nuestro país los informes de gobierno han sido un foro usado para simular, son el espacio para calibrar los decibeles del ego del inquilino de Los Pinos que seguramente piensa sólo en las dimensiones del tamaño que ocupará en la historia; el autoelogio es el guión que se finca en la exclusión de temas incómodos porque la autocrítica no existe, más bien parece que recrean la última escena de aquella película El abogado del diablo con Al Pacino: se pierden por la vanidad.
Ha comenzado en Morelia el novedoso gobierno independiente que encabeza Alfonso Martínez Alcázar, el municipio tiene por vez primera una administración de tales características por lo que las expectativas se tejen y los resultados a corto plazo son altamente esperados para que, al menos inicialmente, marque diferencia con los últimos, que estuvieron marcados por cuestionamientos derivados de sus gastos excesivos y falta de transparencia.
Michoacán se perfila como el único bastión consolidado del PRD desde hace muchos años, en esta entidad se ubica el epicentro de esa expresión que fundara, entre otros, el exmandatario Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien dejó de ser militante al igual que otras figuras que han cuestionado la praxis en muchos casos discutible del Sol Azteca.
“Al ganar el poder perderá el partido”, profetizó para el PAN Daniel Cosío Villegas, emblemático intelectual, quien así anticipó lo que sucedería con la organización fundada por unos de los Siete Sabios de México: Manuel Gómez Morin.
Actores de primera línea son los partidos políticos en un régimen democrático que se asume como reflejo de la voluntad popular, elementos constantes que hacen imperativa la competencia política. El objetivo de los partidos es la consecución del poder, tal es la causa última.
A veces parece que la barbarie gana el terreno, marca los tiempos y cobra vidas de una manera por demás demencial, no se garantizan los derechos humanos, es la locura transformada en violencia apoltronada en la impunidad. En los últimos años se ha documentado lo difícil que resulta en nuestro país el ejercicio periodístico porque parece que vivimos en estado de guerra, ahora fue asesinado el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, cuatro personas más corrieron el mismo infortunio en un domicilio de la colonia Narvarte en la Ciudad de México.
Futbol, balón, pasión, todos los aditivos típicos de un país no habituado a los triunfos que gana una copa carente de calidad bajo el lema “haiga sido como haiga sido”, esas historietas repetidas que oscilan de lo sublime a lo ridículo, más de lo último fue lo que se registró en el finalizado torneo de Concacaf que se ha situado como el más precario en calidad.
La narrativa impregnada de casos y cosas cuestionables como reales no se detiene, a veces parece que nos bebemos una dosis surrealista por la cantidad de eventos que parecen extraídos de una trama del absurdo: se fuga Joaquín Guzmán Loera, a continuación vienen múltiples explicaciones, videos con razonamientos de las autoridades, ejercicios que no gozan de credibilidad.
De nueva cuenta el Chapo Guzmán, otro escándalo que se suma a una legión para socavar más la imagen del gobierno federal que no atina a superar la crisis ante la opinión pública, la corrupción como práctica común está presente porque nunca se ausentó. Peor, imposible.
Nuestro país está lleno de historias e historietas, en muchos casos se trata de apologías o desmesuras porque el maniqueísmo se inoculó desde la primera edad del México independiente. Cada quien acude a la historia que le parece mejor de acuerdo con su talante ideológico, la cuestión radica en calificar a buenos y malos, héroes y villanos. Blancos o negros, no hay espacio para los grises.