Primero, los artistas descubrieron la publicidad y muchos de ellos, no todos, decidieron ponerla a su servicio. En México, este fenómeno estuvo ligado a un periódico, El Heraldo de México, porque con su moderna y veloz maquinaria podía imprimir fotos tamaño estampilla postal y que, sin embargo, se veían perfectamente. Antes, los poderosos diarios Excélsior y Novedades sólo imprimían fotos enormes y no cabían más que acontecimientos sociales de importancia en número muy reducido. En Bellas Artes, Carlos Fuentes se presenta en una conferencia del brazo de Tongolele y, creo, que Kalantay (una bailarina “exótica”). Cuevas se deja fotografiar junto a Rossy Mendoza, “la cintura más breve” y Carlos Monsiváis, también en Bellas Artes, hace que Carmen Salinas cante sus parodias. El otro apoyo publicitario fue la televisión. Primero con temor al qué dirán y luego ya casi todos fueron aceptando las entrevistas e incluso las mesas redondas.