Aún no nace la reforma educativa
Siempre la conciencia de la clase dominante, en una sociedad, imprime las reglas de una educación a su servicio.
Siempre la conciencia de la clase dominante, en una sociedad, imprime las reglas de una educación a su servicio.
Este año rindo homenaje a ese movimiento histórico recordando la obra de Blanco Moheno.
El problema está en la perversidad de quienes son conscientes de su engañar, y con su decir deshonesto realizan actos de corrupción de diversas índoles.
Somos los mexicanos, actualmente, buenos para observar los problemas: analizarlos, sintetizarlos, deducir e inducir de ellos, y para practicarles todas las operaciones lógicas posibles.
No hemos superado esas formas erróneas de los fondos que atrofian la política, y que colocan a los políticos como sujetos de nuestra desconfianza.
Los poderosos tienen un espionaje poderoso, mientras que en los países débiles y explotados dan lástima sus espías.
Nuestra crisis, si no fuera por lo doloroso de nuestra parte de pobreza extrema, parecería de chunga, de guasa, de chacota a la mexicana.
La consulta popular propuesta no tiene la intención de fortalecer al gobierno federal constituido, sino de despeñarlo.
Basta con aplicar las leyes vigentes del caso, a través de funcionarios honorables e inteligentes.
¿Cómo es posible que los mexicanos no estemos preparados, ni nuestro gobierno, para neutralizar tragedias?
En la escalera económica hay movimiento, movilidad social. Cualquier pobre puede aspirar, con posibilidades, a capitalizarse económicamente.
¿Qué sentimientos tiene la nación en este 2013 frente a tantos problemas y tantas reformas?
Todos los informes presidenciales se parecen demasiado.
Ha llegado el poder público a una encrucijada sin salida. Malo, si hace, peor si deja de hacer.
Lázaro Cárdenas del Río no fue ningún rebelde insumiso en busca de privilegios personales.
Las confrontas entre los mexicanos deben ser inteligentes, y no a base de fuerza, sino con la razón.
Con esa mezcolanza, promiscuamente partidizada al 100%, la mayoría de los mexicanos terminará por no creerle a nadie.
He aquí a un papa que retorna a la sencillez perdida, hablando a un océano de gente que cubrió las hermosas arenas de Copacabana.
Y… ¿la calidad de los funcionarios de la SEP quién la evalúa?
En estos tiempos ambiguos, se dan golpes sin efecto envueltos en publicidad simuladora.