En la carta de instrucciones enviada en 1946 por el subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos de los Estados Unidos, Spruille Braden, al embajador norteamericano en México, se consignó: “Las compañías petroleras han visto, por fin, el momento de regresar triunfantes a México. El Departamento de Estado no tiene preferencia por ninguna de ellas; sólo busca que su regreso sea astuto y cauteloso en la forma, porque probablemente los mexicanos le darían gran importancia al hecho de que se guarden las apariencias. Debe parecer que la iniciativa proviene del Gobierno de México y éste tiene que insistir, antes que nada, en que los derechos sobre el subsuelo seguirán siendo propiedad de la Nación y debe tratar de evitar la mención de la palabra concesión”.