Reforma política sin titubeos
La desconfianza que prevalece tiene un sustento ganado a pulso.
La desconfianza que prevalece tiene un sustento ganado a pulso.
El 2013 es un año de cimentación, con avances legislativos, ahora falta su aplicación, que ése es otro cantar.
En la actualidad los partidos políticos, en general, pasan por etapas críticas, circunstancia similar a lo que ocurre en el país.
Si queremos cambiar México, debemos comenzar por transformarnos nosotros mismos.
La reconciliación nacional es un tema pendiente, que pese a grandes esfuerzos, no se ha logrado, por el contrario, cada vez se aprecia con mayor distancia. La acción política no está dando resultados en este rubro, es evidente su ineficacia y, por lo tanto, la preocupación de muchos líderes va en aumento.
La economía se encuentra en etapa de desaceleración y, al parecer, en la puerta de la recesión.
No debería causarnos sorpresa el espionaje como una forma de utilizar la inteligencia y tecnología para combatir al enemigo.
La iniciativa del Ejecutivo ha sido calificada como una mala miscelánea fiscal, llena de ocurrencias, regresiva, recaudatoria y sostenida por el déficit.
Que los legisladores actúen simple y llanamente con responsabilidad republicana.
La tecnología nos alcanza y la utilización de la urna electrónica se encuentra a la vuelta de la esquina.
La sociedad de diversas formas muestra señales claras de inconformidad.
El impulso reformista se debe aprovechar en beneficio de todos, transformando el andamiaje institucional.
Los gobernados se sienten insatisfechos, la sociedad esta encrespada y quiere ser tomada en cuenta.
Los avances son limitados y el único crecimiento que se tiene son las expectativas.
Lo interesante consiste en producir grandes cantidades para su venta.
La propuesta tiene su fundamento en los mismos conceptos y diseño que inspiraron hace setenta y cinco años la política petrolera del Tata Lázaro.
La persona tiene plena libertad para creer, ejercer y practicar o no, el culto religioso que desee.
En este país tenemos serias dificultades para aceptar y cumplir con el Estado de derecho.
Por fin se comienza a establecer una agenda nacional, con temas y fechas.
No existe mayor complejidad que llevar a cabo acciones sencillas.