En recuerdo de Alfredo Kraus: Romeo y Julieta, de Gounod, en el Teatro Real
Y lo convirtió en paradigma de impecable canto, caso insólito, ya complidos los cincuenta años, no porque su voz fuera la más poderosa, ni la más extensa, ni la más deslumbrante en agudos, sino porque su interpretación era mucho más que una representación.

