Escribe, escribano

No hay libro que pertenezca a un solo autor. Toda obra se nutre de diversas tradiciones que el autor absorbe de modo inconsciente o indirecto. Si lo anterior es válido para cualquier libro, con mayor razón cuando se trata de una obra colectiva en la que, además del director y del escritor, intervienen aspectos como la animación, el sonido y el dibujo, con gran cantidad de ilustradores y animadores, a fin de que el lector no sólo cuente con un bello libro, sino también con la posibilidad de interactuar en la realidad virtual desde su iPad. Lo anterior ocurre con Escribe, escribano, proyecto dirigido por María Romero que dio como resultado un producto complejo y a la vez lúdico, antisolemne, didáctico y literario. La obra reúne éstas y otras características que sería dilatado exponer. Por ello, me concretaré al aspecto literario, que se despliega con sencillez e imaginación a través del Abecedario lúdico, de José Antonio Lugo.

Nostalgia de Troya

Durante los sesenta y setenta del siglo pasado se desarrolló en Hispanoamérica una ola de propuestas novedosas, a veces arriesgadas, en el terreno de la novelística de arte. A diferencia de lo que ocurre hoy, el escritor-artista no se contentaba con reproducir esquemas que funcionaran en términos económicos.

Imitar al arte: otra vez Werther

Todo es materia prima del arte, que intenta apresar y transfigurar la realidad, esa fuerza extrarracional constituida de inexorable tiempo. De modos diversos, el arte imita y transforma la realidad, pero ¿qué ocurre cuando la realidad imita al arte, cuando ésta se modifica a partir de una representación, cuando la imaginación se impone para cambiar lo que nos rodea?