Vértigo de la violencia
Todos sabemos que el poder desgasta; pero el no poder desgasta más.
Todos sabemos que el poder desgasta; pero el no poder desgasta más.
Lo masivo de nuestro crecimiento poblacional ha hecho que todos nuestros problemas se acrecienten geométricamente.
A todos se nos debe, y no hay quien pague, pues sólo hay acreedores contumaces y exigentes.
Modernizar no es privatizar la corrupción, ya que ésta, venga de donde venga, debe ser extirpada.
A la curia romana pegó fuerte el llamado vatileaks, desnudando la conducta indecorosa de muchos de sus miembros.
Nunca es demasiado tarde cuando se trata de proteger el interés nacional.
Ojalá que el humo que avise Habemus Papam no esté contaminado de sexo y economía.
Toda defensa tiene un costo, pero el costo mayor es no tener defensa.
Ninguna globalización debe empujarnos a la ilegalidad ni arrebatarnos el decoro.
No intercambiemos petróleo por automóviles, que es la nueva versión del viejo trueque de oro por espejitos.
Tanto recoveco lingüístico da más hambre o puede ahuyentarla.
El cerebro de Albert trabajaba muy bien en los fenómenos físicos, pero era pésimo para la matemática.
Los mercados financieros y bancarios del planeta están pegados en la estructura económica estadunidense.
En 2013, se cumplirá el bicentenario de los Sentimientos de la Nación presentados por José María Morelos y Pavón ante el Congreso de Anáhuac.
Hay muchos mexicanos honestos laborando para cambiar estructuras corruptas dentro de nuestra forma de organización, pero perviven los métodos inmorales.
Cientos de miles de millones de dólares les genera al año esa industria bélica.
Es superficial creer que la esencia de la complicación es sindical.
Los delitos se cometieron y existen esos delincuentes que nos agraviaron a todos los mexicanos.
Las fuerzas de seguridad pública deben imponer el orden ante delitos en flagrancia, y practicar las detenciones necesarias por disposición constitucional.
Más nos vale dejarle a nuestra nación el nombre oficial de Estados Unidos Mexicanos, aunque le sigamos diciendo familiarmente México en el ejercicio de la vida cotidiana.