Fueron seis días, del viernes 12 al miércoles 17 de febrero, los que estuvo el papa Francisco en nuestro país. Ciudad de México, Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua fueron las entidades en las que el vicario de Cristo hizo paradas para conocer, de manera somera, la realidad de un país que, en definitiva, sigue siendo eminentemente católico pero en el que también convergen distintas realidades en las que todos los mexicanos estamos urgidos de aferrarnos a algo (en este caso la religión) que nos permita acumular un poco de esperanza que sirva para paliar la complicada y compleja realidad que estamos viviendo desde distintos frentes.