Vivimos en un polvorín
La bomba atómica, cuya presencia en Hiroshima y Nagasaki está siendo recordada y ha generado un renovado horror, fue, aparte de tantas cosas, un confirmar nuestra decepción con la ciencia, el final de un largo romance que Occidente tuvo con el pensamiento científico desde, qué sé yo, el Renacimiento.

















