José Hierro, crítico de arte
Cuando se le acercaba un libro suyo para que lo dedicara, José Hierro (Madrid, 1922-2002), uno de los principales poetas españoles de la segunda mitad del siglo pasado, no escribía palabras, sino que hacía dibujos. A bolígrafo, con pluma, o mojando el dedo en cualquier líquido que tuviera cerca —café o, más probablemente, whisky—, estampaba en las páginas de respeto unos trazos enérgicos pero difusos, proyectando en la imagen la misma conjunción de figurativismo y abstracción que se apreciaba en su poesía: cabía reconocer el objeto esbozado, pero nunca con la suficiente exactitud como estar seguro de qué representaba, o en qué posición se encontraba, o, en el caso de ser una cara, si reía o lloraba.
