Daniel Sada, el prosista formidable
De pequeños ojos con los que lanzaba sonrisas quedas pero poderosas, cortés, cálido, Daniel Sada escuchaba, hablaba poco, siempre en modo pertinente. Tenía una relación apasionada con la literatura, que removía, reencendía a todas horas, en largas sesiones de lectura y escritura, de enseñanza y aprendizaje. A final de cuentas: de sonrisas. Vivía en, entre la literatura, y pescaba al vuelo y atesoraba palabras, frases de interlocutores desconocidos que parloteaban en medio del cotidiano trajín.
