Monstruosa impunidad
La desaparición forzada se ha convertido en México en el “rey de los delitos”, en el “crimen perfecto” y no solo por la ausencia de un cuerpo, sino porque el Estado mexicano está rebasado.
La desaparición forzada se ha convertido en México en el “rey de los delitos”, en el “crimen perfecto” y no solo por la ausencia de un cuerpo, sino porque el Estado mexicano está rebasado.
Con pausa o sin pausa, Trump no sólo ha declarado la guerra al mundo, la ha declarado a su propia nación. La imposición de aranceles a diestra y siniestra, a amigos y enemigos, a socios y no socios, ha sido calificada por importantes magantes como un suicidio y una “guerra económica nuclear”.
Los comicios serán una mascarada para dar apariencia de democracia a un golpe de Estado judicial. De las urnas saldrán triunfantes “jueces militantes”, que deberán el cargo al partido político en el poder…
La fotografía de los 200 pares de zapatos y el término “exterminio” los ha llevado a utilizar toda la maquinaria del Estado para borrar lo imborrable.
La exposición técnica del Fiscal Gertz Manero sobre el caso Teuchitlán sólo duró cinco minutos. Su misión tenía un objetivo: culpar al gobierno de Jalisco, negar que ahí hubo un campo de exterminio, desacreditar a los colectivos y matar el caso.
Dejó ver que el gobierno no tiene el menor interés en llegar a la verdad y hacer justicia.
Detrás del campo de exterminio en Teuchitlán hay un responsable político. Está la conducta criminal, la omisión, impunidad y protección a la delincuencia organizada.
Sheinbaum no se atreve a mover correctamente las fichas. Sigue sin dar muestras de independencia frente a su antecesor. Insiste en llevar hasta el final la reforma al Poder Judicial, pensada y diseñada para vengarse de juzgadores autónomos, pero también para favorecer la impunidad y el empoderamiento del crimen.
La carta de “El Mayo” es inédita. Es la primera gran narco manta que el líder de un cártel dirige al Estado mexicano. No es la narcomanta colgada en un puente para intimidar a un alcalde. Se trata de un acto de coacción para que las alas de la República y sus instituciones se doblen.
La 4T ha hecho de México un país vulnerable. El obradorato le ha dado a Estados Unidos motivos de sobra para intervenir, para que los cárteles sean declarados como terroristas y México sea considerado un paraíso de delincuencia e impunidad.
Los gobiernos de la 4T son los más corruptos de la historia. No lo dicen los opositores. Ahí están los datos de Transparencia Internacional: México ocupa el lugar 140 de los 180 países calificados.
La ceremonia en Querétaro sirvió para confirmar –si había duda– lo que dijo Trump: “El gobierno mexicano tiene una alianza intolerable con el crimen organizado”.
Mientras tenemos la mirada puesta en el norte, atentos a lo que dice y no dice Trump, aquí abajo, en las cañerías de la 4T sigue la destrucción de las instituciones y de la democracia.
Trump dedicó el discurso de toma de posesión a nuestro país. Lo hizo para decir que México representa un grave riesgo para la seguridad de Estados Unidos y que su gobierno lo tratará como un enemigo a vencer.
Claudia llegó al gobierno, se puso la banda, vive en Palacio Nacional, se sienta en la silla presidencial, administra, no gobierna, porque quien tiene el poder se llama Andrés Manuel López Obrador.
Trump –a diferencia de Biden– está aprovechando a su favor la herencia de violencia e ilegalidad que dejó López Obrador.
La colonización de las conciencias empieza por las palabras. Empecemos por desmitificar y vaciar de contenido el discurso de la 4T. Hay que arrojar al basurero de la ignominia la lingüística del obradorato.
Hoy se habla de defender la soberanía frente a Estados Unidos, cuando no se ha tenido la voluntad de impedir que los cárteles operen como operadores electorales del partido en el poder.
Así como acusaron a jueces, ministros y magistrados de ser corruptos para justificar la imposición de juzgadores en urnas arregladas, ahora utilizan los malos manejos en el INFONAVIT como pretexto para aprobar una reforma que sólo conviene al gobierno.
¿Cuál es la verdadera? ¿La sensata que evita pelarse con Trump, el elefante en la sala, o la ideóloga que interpreta la realidad al gusto del cuatroteísmo para decir mentiras?
Senadores, diputados de Morena y la misma presidenta que evoca al expresidente un día sí y otro también, dan muestras constantes –¡y ay de ellos si no!– de estar atados y más que atados al Maximato de López Obrador.