Esta lógica plantea una tensión evidente. Por un lado, sus declaraciones sobre Ormuz llegan en medio de un conflicto real con Irán, con un alto el fuego vencido y negociaciones estancadas; el trasfondo militar existe.
En el caso mexicano, la relación con la FIFA también ha implicado condiciones impuestas desde Zúrich: adecuaciones normativas, exenciones fiscales y compromisos de infraestructura que los gobiernos anfitriones deben cumplir sin margen real de negociación, bajo el argumento de estándares internacionales del organismo.