El mundo todavía es presencia

El mundo pretende aún ser heredad: empieza cada día a las seis de la mañana cuando los niños preparan sus cartillas, las casas huelen a café con leche: la mantequilla se derrite sobre los panes calientes, la muchacha del desvelo contesta una llamada telefónica, el locutor de la emisora predice los signos zodiacales, un perro ladra, el militar deja la ronda, una procesión de luz mastica las sombras y un adolescente descubre el deseo en la reserva de los sudarios.