Los hechos violentos registrados en París han vuelto a colocar al pueblo islámico en la mira de la soterrada disputa geopolítica de las grandes potencias, estigmatizándolo como el responsable directo de los actos terroristas que sacudieron a la Ciudad Luz, algo similar a lo acontecido el 11 de septiembre del 2001, con el ataque perpetrado contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, que sirvió de pretexto a Estados Unidos para iniciar una feroz ofensiva contra el islamismo y cuyo objetivo más que combatir el terrorismo era despojar a los pueblos del medio oriente de sus recursos energéticos.