Por un consumo inteligente
Llegan las fiestas de diciembre y de fin de año, de Reyes y la cuesta de enero.
Llegan las fiestas de diciembre y de fin de año, de Reyes y la cuesta de enero.
El poeta Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, 1972) vino a verme hace un par de años, no en París (donde él viene con mucha frecuencia), sino en México, justo un Día de Muertos, cuando yo acababa de llegar a México, para presentar alguno de mis libros, y con el pretexto de hacerme una entrevista me tendió un par de libros Yunque de sueños y El espacio vacío, que en realidad son una trampa.
El rastro de Elena Garro fue presentada en la Gruta del Centro Cultural Helénico, bajo la dirección escénica de Arturo Adriano, dentro del Ciclo Ópera Prima. El teatro de Elena Garro en nuestros escenarios es toda vez inamovible; así lo demuestra el interés que —cada con vez mayor frecuencia— suscita en los jóvenes que lo escenifican.
“¿Qué hay de más mortal a exhalar para un ser perecible que la eterna esencia y por un segundo el inagotable aroma de la rosa? ¡Cuanto más una cosa muere, más llega al fin de sí misma, más expira por esta palabra que no puede pronunciar y por este secreto que la hace salir! ¡Ah! ¡Qué frágil y extremo y suspendido es este instante de la eternidad a mitad del año!
Cabe perfectamente la frase “Aunque parezca mentira la verdad nunca se sabe”, muy utilizada por el escritor Daniel Sada, sobre todo por una historia en la que faltan datos y a la vez se conocen otros que nos invitan a la duda.
La película Camille Claudel (2013), que retrata parte de la vida de la hermana del poeta Paul Claudel, se filmó en un escenario real: en el manicomio.
El libro apareció hace casi diez años, en 2004 en la colección Ensayos, y ahora aparece en la colección Fábula de la misma casa Tusquets Editores, la intención, refrescar el debate actual con una relectura necesaria, la del filósofo alemán Rüdiger Safranski con su ensayo ¿Cuánta globalización podemos soportar?
No sé si alguno de ustedes vio una película que lleva por nombre el de Beethoven: dios inmortal. Desde luego es un nombre muy tramposo.
El “espíritu”, en su acepción más amplia, más abarcadora, es la otra cara de lo material, así como la materia es la otra cara de lo espiritual.
…A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo poco a poco nuestro verdadero yo; y a medida que lo descubrimos, perdemos parte de nosotros mismos…
Mi esposa rusa (apodada por sus amigos y compañeros la extraterreste, por sus hazañas laborales, artísticas y físicas), nunca va a la Iglesia, ni reza, pareciera atea, pero desde hace 7 años, cada 11 de diciembre, se va en bicicleta de Puebla a la Villa a pedirle a la Virgen de Guadalupe por su familia: Naturalizada hace mucho, realiza el rito más cabalmente que muchos de los mexicanos, y siempre que regresa me cuenta con gran entusiasmo su mística aventura y lo generoso (verbigracia: por todos lados obsequian bebidas y comida en abundancia a los peregrinos) y unido que se muestra el pueblo al grado de contagiarle ese espíritu cósmico de la fiesta sagrada, esa fusión mágica-religiosa colectiva que Malinowsky
Se puede morir de pie, aunque la lucha física evidentemente esté perdida. La paradoja: morir de pie es ganar la vida de la verdadera identidad, en este caso, de la liberación del ser de fachada para darle paso al ser interior.
Muchos lectores creen que al comprar una antología han adquirido lo más “significativo” o lo “mejor”, pero casi nunca se preguntan quién hizo esa selección, con qué criterios o a qué intereses sirve.
Un viejo refrán francés decía: “La bonne education vaut plus que la fortune” (La buena educación vale más que la fortuna). Era un refrán “de los de antes”.
Patricia Gutiérrez-Otero Cuautinchan es un pequeño poblado en el que quedan pocos vestigios del pasado; está situado en el Estado de Puebla. En el pueblo sobresale un antiguo convento franciscano llamado San Juan Bautista que data del siglo XVI. De estilo renacentista el convento fue diseñado por Francisco Becerra arquitecto español y se terminó en Seguir Leyendo
Circula en librerías —fue presentado en la 27 Feria Internacional del Libro de Guadalajara—, El cerebro de mi hermano (Seix Barral, 2013), del editor, periodista y narrador Rafael Pérez Gay (México, 1957): crónica de los últimos años de vida del ensayista, profesor, filósofo, traductor, diplomático, novelista e investigador, José María Perez Gay (1943-2013).
Luis Martín Garza Gutiérrez (Luis Martín) asume en las páginas que componen su libro Pioneros de teatro universitario 1858-1958, que ha sido un hombre afortunado, al que la vida le dio el privilegio de testificar en torno a muchos momentos relevantes, quizá mágicos del quehacer teatral neoleonés, vividos con tanta pasión, que lo conducirían a convertirse en uno de los protagonistas esenciales en el teatro mexicano, como propulsor de la Muestra Nacional de Teatro (1986-1995); o como formador de generaciones y generaciones de teatristas, y siendo vivo exponente de un teatro siempre tendiente a la dignificación del fenómeno estético, a la vinculación del teatro con la sociedad.
Sergio Pitol, ese escritor viajero que nutre su literatura a través de su camino, es de una tarea complicadísima seguirle los pasos.
La Ciudad de México tiene personajes increíbles, algunos impensables, pero también tiene aquellos que de primera vista pueden hacer notar que no sobrevivirán a la urbe más grande del mundo. En la capital mexicana, como en cualquier otro sitio, la circunstancia hace al ladrón o al abusador pero qué sucede con las personas que pecan de evidente inocencia, pues parece que el camino hacia la lista de ser víctimas se avecina en el filme que dirige Hatuey Viveros. Sin embargo, aunque el panorama del inicio de esta reseña sea el del caos, la historia que se plantea en Mi universo en minúsculas (México, 2011) da un giro por completo. Aina (Aída Folch), una joven catalana, viaja a la Ciudad de México en busca de su padre, al que no recuerda, del que no sabe nada, sólo tiene entre su guía de mapas una fotografía donde ella, de tres años de edad, aparece frente a la casa donde vivió, con él, quizá muy poco antes de regresar a España. Por eso no conoce nada de México, no guarda ningún recuerdo, sólo el afán de encontrarse con su padre.
Alberto Villarreal Díaz de Bonilla (D.F., 1977) es un laureado y prolífico dramaturgo. Su campo de acción es extensísimo y va del performance al teatro minimalista (con ciertos recursos intimistas), para retornar al performance y retomar el rumbo de la nostálgica evocación jodorowskiana del teatro pánico y los happenings. Villarreal redacta con aspiraciones poéticas y deliberadamente antiteatrales. Sin embargo, asume que su dramaturgia no es tal, sino todo lo contrario, cosa que no debe sorprender a quien esto lea, dado que es el mismo joven escritor quien asevera escribir “teatro que no parezca teatro”.