¿Un país en guerra?
Temas como la legalización de la marihuana o la búsqueda de personas desaparecidas, retratan la situación que en materia de seguridad pública vivimos en el país.
Temas como la legalización de la marihuana o la búsqueda de personas desaparecidas, retratan la situación que en materia de seguridad pública vivimos en el país.
Resulta extraño que a pesar del respaldo de los votos, el presidente tenga una marcha de ciudadanos que protestan por sus acciones de gobierno.
La eliminación del artículo que permitía la existencia de las partidas secretas por parte del Poder Legislativo, es algo digno de reconocimiento.
Las discusiones entre actores políticos no resuelven absolutamente nada del grave problema de seguridad que vivimos.
La Cámara de Diputados, con mayoría morenista, se vio en la necesidad de meter el acelerador a fondo, cuidar el dictamen y sacar la reforma a la brevedad posible, mandando mensajes positivos al Senado norteamericano.
Si bien el problema de la corrupción subsiste, difícilmente va a encontrar solución con la reforma monrealista pues, en el fondo se observa la intención de abrir puertas a los nombramientos a modo,
Las transformaciones de fondo como las requeridas obligadamente deben pasar por el Legislativo.
No aporta a la relación internacional, no resuelve problemas internos y pone en evidencia la poca seriedad con que se aborda y se impone la agenda nacional.
No obstante lo abrupto de la decisión, ya estaba firme y la instrucción es ejecutarla a la brevedad.
Da la impresión de que no delega sino instruye y ordena, ocasionando que su decano gabinete forme parte de una gris burocracia.
Tiene a su favor concentrar todas las decisiones al carecer de contrapesos, los partidos políticos de oposición se encuentran en minoría en las Cámaras, desprestigiados e inmersos en sus laberintos internos, lo que deja camino libre al gobierno en turno.
Pareciera tener un gabinete de adorno, a partir de las mañaneras todas las decisiones descansan sobre la figura central: el presidente.
Es injustificable combatir el mal con un diseño viciado de origen cuyos resultados son previsibles, inconvenientes y perjudiciales.
A Gómez Urrutia no se le conoce por sus méritos democráticos ni por haber destacado como un luchador social, sino por haber llevado una vida cómoda, en la opulencia y los lujos, con la fama de haber huido del país.
Le viene bien enfocar las baterías mediáticas y mantener la atención pública a través de banqueteros intercambios de palabras.
Posiciones extremas con pliegos petitorios que contienen solicitudes desbordadas, jugando con los tiempos y aprovechando el inicio de una administración con poca experiencia.
La estrategia para combatir el huachicoleo es incompleta, parcial y defectuosa.
Dios nos agarre amparados, pues por lo visto nos esperan grandes sorpresas, pero eso sí, ¡desabasto no hay!
No bastan las buenas intenciones, el país requiere un fiscal a la altura de las difíciles condiciones por las que atraviesa.
Su muerte deja mal parados a sus adversarios, quienes tienen que enfrentar a un importante segmento de opinión pública que está molesta y resentida.