El desaseo
Nada tardó en presumir la supuesta reducción de homicidios para vivir un nuevo escándalo en donde el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos piden a sus ciudadanos no pisar suelo mexicano con o sin Mundial.
Nada tardó en presumir la supuesta reducción de homicidios para vivir un nuevo escándalo en donde el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos piden a sus ciudadanos no pisar suelo mexicano con o sin Mundial.
Y una parte de esa cifra, aunque nadie la ha contado con precisión en México, está ocurriendo aquí y ahora, en hospitales del IMSS, del ISSSTE, del IMSS-Bienestar, en clínicas rurales y en centros de cáncer.
Prometieron acabar con la “mafia del poder”, hicieron lo contario. EL GRAN CAPITAL simbolizado por Carlos Slim incrementó su capital, más que en cualquier otro país capitalista.
En breve tiempo, el municipalismo se fortaleció; los Congresos debatían y construían mayorías legislativas; se comenzó a dar la alternancia en los gobiernos estatales y, también en el Ejecutivo Federal.
El esquema tomó forma mediante una cadena de intermediarios. La empresa proveedora contrató a una compañía en México, que a su vez canalizó pagos a otra firma en Texas controlada por Alfonso Wilson, ciudadano mexicano-estadounidense.
Menos de 2 años después, con la misma ocurrencia obstinada, el presidente López Obrador añadió a ese cuarteto domesticado, a dos lacayos más: Gerardo Fernández Noroña y Manuel Velasco Coello.
En el fondo, significa un retroceso en una situación determinada. Esto me parece que pasa cada vez que el líder del Partido Acción Nacional (PAN), Jorge Romero, habla en algún discurso oficial o da una entrevista para algún medio de comunicación.
Ahora resulta que, bajo los regímenes autoritarios de estos gobernantes trasnochados, donde se violan libertades fundamentales como la de expresión, prensa, libre tránsito y reunión, hay que apoyarlos económicamente para que continúen con sus gobiernos represivos.
Scherer nunca fue parte de la vida interna del PRD ni lo conoció, sino a través de lo que le decía su viejo conocido, Andrés Manuel. Aun así, se atreve a decir en las primeras páginas que “Andrés Manuel quería el poder; ‘Los Chuchos’, el dinero.
El hambre de los cubanos no la tienen que pagar nuestros indígenas o niños enfermos. Nuestra abundancia no se le tiene que ofrendar a un malnacido como Díaz-Canel o Raúl Castro.
Hoy con el Mencho no pasó lo mismo y la presidenta Sheinbaum hizo cumplir la ley, sea por convicción propia o por presión de los Estados Unidos, tal vez nunca se sabrá la verdad.
Empero, siempre existen entre los humanos, personas con retrasos informativos, por ignorancia, o por perversidad, pero, en cualquiera de los casos, nuestros semejantes generan mentiras.
La presidente se va a deshacer de sus colaboradores más tóxicos -Marcelo Ebrard, Mario Delgado, Adán Augusto López (de quien ya se hizo cargo), no de aquellos que formaron parte del equipo de López Obrador.
Es más, hasta quiere desaparecer a sus partidos aliados (PT y PVEM) porque ya les resultan muy costosos. “De que la perra es brava hasta a los de casa muerde”, no cabe duda.
La llamada reforma electoral tuvo varios objetivos: dos evidentes: el primero afianzar y eternizar a Morena en el Poder Público; el segundo, asegurar recursos públicos, ante la posibilidad de que los ilícitos o de procedencia dudosa, pudieran comenzar a escasear, visto el golpe dado al Mencho.
Como estamos ante una partidocracia de bazar, que compra y vende sus votos al mejor postor, no debemos extrañarnos, que ahora se acusen unos a otros de traidores, corruptos a los que el pueblo ya puso en el basurero de la historia.
Les gusta comprar objetos de marca, incluyendo relojes costosos, acudir a eventos fuera del alcance de la mayoría de los mexicanos como es el Super Bowl o comer en restaurantes donde solo pueden acudir los privilegiados.
AMLO premiaba el servilismo; anteponía, sobre cualquier circunstancia, la fidelidad a su persona como mérito para ocupar un cargo público. Aplicaba su regla: 90% fidelidad y 10% eficacia, competencia o aptitud para el cargo.
Con esto no se pretende cuestionar la veracidad de sus dichos, sino el momento en que los hace públicos. Es decir, da la sensación de que buscó el momento político adecuado para hacer más daño.
Jesús Ramírez Cuevas, licenciado en Ciencias Políticas, no ha contestado directamente a las imputaciones que le dirige Scherer. Su respuesta consiste en acusar a su detractor de traición y de malos manejos millonarios en contra del erario.