Entre la corrupción y el arco del triunfo
Se afirma que el modelo imperante en el país está diseñado para prohijar la impunidad, ya lo decía en su momento Gonzalo Santos: “La ley para mis amigos, el rigor de la ley para mis enemigos”. Así hemos transitado desde hace décadas y, aunque se han realizado esfuerzos loables para transformar ese estatus, poco se ha podido avanzar. La presente administración que inició con afanes reformistas, mandando señales positivas en el sentido de acelerar el paso, dio un viraje en sentido contrario, destacando por sus elevados índices de corrupción e impunidad, fenómeno que provoca incertidumbre, violencia e inseguridad, entre otros factores que inciden en la calidad de vida.

















