El mundo, aunado a la difícil situación físico geográfica que enfrenta por los cambios climáticos como resultado de la persistente y continua acción depredatoria del hombre, que ha devastado bosques y selvas, agotado los recurso naturales y contaminado los reservorios de agua dulce, ríos, lagos, lagunas y contaminado el aire que respiramos, hoy se encuentra inmerso en la construcción de un nuevo orden mundial, con nuevos equilibrios, con un nuevo reparto de áreas de influencia y sobre todo para hacerse realidad aquella “sibila” de que las nuevas guerras no serían militares, sino económicas y por el control del agua dulce del planeta.