Beltrones le apuesta a la política
La oposición —PAN, PRD y Morena— siempre ha acusado al PRI de ser un partido vertical y autoritario, con una cultura política caciquil y presidencial que no admite otras expresiones.
La oposición —PAN, PRD y Morena— siempre ha acusado al PRI de ser un partido vertical y autoritario, con una cultura política caciquil y presidencial que no admite otras expresiones.
Tuvieron que pasar 190 años para que México tuviera una secretaría de cultura. El primer intento de crear una institución cultural se dio en el México independiente, cuando el presidente Guadalupe Victoria fundó el Museo Nacional de México.
Después de que el Senado de la República aprobó el nacimiento de la Ciudad de México como estado 32, lo importante es lo que viene.
El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) encargado de investigar por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ha perdido credibilidad.
Los candidatos a ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que comparecieron la semana pasada en el Senado para sustituir a Juan Silva Meza y a Olga Sánchez Cordero están para llorar.
No haría daño a la democracia que un “tucán” fuera a dar a la cárcel. Ya es hora de sentar jurisprudencia para que los partidos entiendan —todos, sin excepción— que ya no pueden seguir burlándose de la ley, ni utilizar a los ciudadanos para acrecentar su negocio político.
“Me da tristeza ver a México tan descompuesto y a la deriva”, afirmó Fernando del Paso, Premio Cervantes 2015, mexicano de corazón, y literato que aspira a ser historiador, según su frase cargada de ironía.
El presidente Enrique Peña Nieto fue claro: dijo que, en lo personal, estaba en contra de la legalización de la marihuana, pero abierto a un debate en el que participen especialistas para determinar las consecuencias de su consumo.
Tal vez el destino me alcanzó y estoy incapacitada para entender que se trata de una medida vanguardista.
El nuevo gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, llega a tratar de reconstruir un estado avasallado por la delincuencia organizada. Asume la gubernatura en contra de quienes pretenden que el estado sea gobernado por asambleas populares, disfraz de lucha social bajo el cual se oculta el poder de la ilegalidad.
Esta imagen no es nueva, pero eso no le quita dramatismo. En pretender verla como algo normal está la enfermedad. Basta ver los rostros, la actitud de la muchedumbre que rodea la fogata donde se están incinerando dos cadáveres, para entender que se está ante un escena de patología social donde la ignorancia, el deseo de venganza y la ausencia de autoridad y justicia se conjugan para hacer posible un crimen.
Más que un adelantado, Andrés Manuel López Obrador es un especialista en el espectáculo político. El tabasqueño visitó al Papa, cuatro meses antes de la llegada de Francisco al país, y lo hizo con la única intención de ganar votos.
Jaime Rodríguez, el Bronco, tomó protesta como el primer gobernador resultado de una candidatura independiente.
Después de Ayotzinapa, no puede haber algo más importante para el Estado que fortalecer la autonomía y el prestigio del Poder Judicial.
Las ocho exigencias planteadas por los padres de los normalistas al presidente de la república van más allá de la creación de una unidad o fiscalía especializada para investigar lo sucedido en Ayotzinapa. Confirman que ha nacido un movimiento político social con directrices muy claras para conmover las estructuras de poder.
Miguel Ángel Mancera supo, desde hace tres años, quiénes iban a ser los enemigos de su gobierno. Aunque nunca ha exhibido sus nombres, lo cierto es que la identidad y el objetivo de sus adversarios siempre han sido claros.
Heroína es la palabra clave en el drama de Ayotzinapa. Basta remitirse a lo que declaró el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el 11 de junio de este año, para entender que detrás de la violencia brutal y desproporcionada en contra de los normalistas hay un móvil que, por alguna razón, no se ha querido investigar o investigar lo suficiente.
En política, la memoria no es flaca; es voluble y convenenciera.
Ésta es la noticia que necesitan escuchar los mexicanos en el Tercer Informe de Gobierno. La necesita la sociedad, el país y el mismo presidente de la república. Quitarse una carga, un germen con alto poder de “viralidad” que ha infectado y afectado la credibilidad de un mandatario que llegó al poder con la decisión de cambiar a México.
La comparación es y seguirá siendo inevitable. ¿Por qué mientras Washington envía como embajadora a Roberta S. Jacobson, una diplomática de carrera, experta en asuntos latinoamericanos, que ha atendido problemas como tráfico de drogas, derechos humanos, relaciones civiles y militares en el hemisferio, especialmente en la Oficina de Asuntos Mexicanos del Departamento de Estado, México decide nombrar a Miguel Basáñez?