Una familia en el poder
Tengo la impresión de que ver a una familia en el poder es asunto de las monarquías o de las dictaduras. No de la democracia. Los presidentes mexicanos por regla general ayudan a sus parientes y amigos —imagino que eso es natural— pero lo han hecho con discreción. De entre los casos cínicos que recuerdo está el de José López Portillo, quien al nombrar a un hijo suyo en un importante cargo le citó diciendo que era “el orgullo de mi nepotismo”, una frase sin duda aguda y cínica.














