Materia y espíritu
El “espíritu”, en su acepción más amplia, más abarcadora, es la otra cara de lo material, así como la materia es la otra cara de lo espiritual.
El “espíritu”, en su acepción más amplia, más abarcadora, es la otra cara de lo material, así como la materia es la otra cara de lo espiritual.
Como el viento, la poesía disipa las palabras y las resignifica, abre sus sentidos y explora en lo más oculto de las apariencias, incluidas las apariencias del yo.
Si definimos “canon” como “precepto sobre la manera de hacer algo”, “modelo o tipo considerado ideal o perfecto”, debe entonces percibirse como sospechoso por el pensamiento crítico.
Tradicionalmente, se ha entendido el arte como un prurito de permanencia, lo que se ha logrado gracias a los distintos medios para fijarlo. Hay y ha habido, no obstante, un arte efímero que impacta un segmento de realidad y luego desaparece.
El Ramayana es una de las grandes epopeyas de la humanidad no sólo por su extensión (24 mil sloka o estrofas de cuatro pies, cada uno de ocho sílabas), que es mayor que la Iliada y la Odisea juntas, sino por el tratamiento de los grandes temas universales, como el amor, el rapto, los celos, la guerra y el mal. Se trata de un poema épico tan importante que ha sido reescrito, con diversas intenciones, no sólo en todos los idiomas de la India, sino también por casi todos los pueblos del sudeste de Asia, a veces siguiendo al autor original (el mítico Valmiki), y otras introduciendo variantes (a veces radicales).
Si consideramos la historia de las lenguas en su nivel léxico, encontramos mil y un detalles curiosos no sólo de cambios fonético-fonológicos, sino también semánticos, a menudo producidos por situaciones comunicativas absurdas o inverosímiles —la realidad siempre ha sido más inverosímil que la literatura—.
A través del análisis de la obra de Goethe (el Fausto), de Marx (concretamente, el Manifiesto), de Baudelaire (en particular, El spleen de Paris), de Dostoievsky (Memorias del subsuelo), así como de la vida moderna en las grandes ciudades, Berman se adentra en el enigma del cambio, de las constantes metaformosis de tanto sicológica como físicamente ha sufrido el mundo occidental.
Desde el punto de vista lingüístico, como han afirmado los especialistas (por ejemplo, Humberto López Morales) no es lo mismo castellano que español.
Todo acto de comunicación implica no sólo un emisor y un receptor, sino también un contexto y un código común. Miradas sociológicas, antología en que se despliega el diálogo con el otro y lo otro, en un contexto urbano, con sus propios códigos y registros lingüísticos, es un libro que nos habla a nosotros, en este espacio y en este tiempo.
La obra de un autor, cuando es verdaderamente significativa, “mata” de alguna forma al individuo que la produjo para tomar su lugar y erigirse en el auténtico ser vivo con quien muchos podrán seguir discutiendo a pesar de la muerte física del ser humano que la concibió, de modo que él sólo podrá “resucitar” a costa de su propia obra, como un ente subordinado a ésta.
¿Qué niño o adolescente no sintió, aunque tan sólo por instantes, miedo o cierta reticencia hacia las matemáticas o la geometría? Rebeca Mata y Verónica Valdés han novelado con fluidez, amenidad e imaginación un mundo lleno de situaciones en los reinos de la aritmética y la geometría, conectadas con los mitos clásicos o literarios.
Acción, fluidez e intriga caracterizan, ante todo, el arte de narrar en su sentido más puro, cuando las historias pasaban por los oídos, cuando eran escuchadas por un público ávido que —aun sin saber leer ni escribir— atendía, se emocionaba, aprendía y volvía a contar esas historias a sus allegados.
Todo es poetizable. Ya lo decía Pedro Salinas: el universo entero es materia de la poesía.
Juan Antonio Rosado Tal vez, entre todos los males de los que puede padecer un escritor, dos de los más graves sean el estreñimiento verbal y su contrario, la verborrea. Juan José Arreola aconsejaba castigar la frase, las palabras, hasta lograr concisión de forma, la intensidad necesaria para captar la atención, virtud que sólo se Seguir Leyendo
Hace ya tiempo, Aldous Huxley afirmó que la ignorancia sobre lo que se sale del territorio judío, griego y cristiano de la cuenca del Mediterráneo, especialmente la ignorancia sobre Oriente es, en el siglo xx, “una ignorancia enteramente voluntaria y deliberada” que “no sólo es absurda y vergonzosa; es también socialmente peligrosa”.
Afirma Valladares Álvarez en la nota de En honor de la verdad: “He querido usar la impersonalidad en esta nota, porque de egotistas, egocéntricos, engreídos y fatuos está el mundo lleno y es raro encontrar alguien que se crea artista o intelectual que no tenga metástasis de egolatría”.
En 1963, Juan García Ponce publica dos libros de cuentos: La noche e Imagen primera.
El Ramayana es una de las grandes epopeyas de la humanidad no sólo por su extensión (24 mil sloka o estrofas de cuatro pies, cada uno de ocho sílabas), que es mayor que la Iliada y la Odisea juntas, sino por el tratamiento de los grandes temas universales, como el amor, el rapto, los celos, la guerra y el mal.
Cuando leí el título La civilización del espectáculo —un paratexto al fin y al cabo—, pensé de inmediato en “espectáculo” como juego, y este término me remitió al Homo ludens, de Huizinga, autor que, desde un punto de vista positivo, considera la cultura como un juego.
Martín Luis Guzmán advirtió la necesidad de cumplir las leyes de Reforma. A pesar de que un grupo de guadalupanos había apedreado su casa por el artículo “Semana de idolatría”, parecían lejanos los tiempos en que el neoconservadurismo pudiera apoderarse de un gobierno cuyo programa sostenía la libertad de cultos, la no interferencia de las iglesias en materia política y el laicismo del estado y de los gobernantes.