43 sombras devoradoras
Al gobierno mexicano se le hizo bolas el engrudo; y, ahora, hay que recomponer con inteligencia, sin olvido y sin perdón.
Al gobierno mexicano se le hizo bolas el engrudo; y, ahora, hay que recomponer con inteligencia, sin olvido y sin perdón.
Asegurar que en una democracia representativa el pueblo es el que manda directamente, el que decide, y sabe de todo, es un grave error.
¡Honremos sus cualidades!, pero desechemos sus defectos, semillas de la inseguridad, bancarrota y corrupción del México actual.
El precepto ético o moral es solo deber, ante el que no hay nadie que pueda obligarnos a cumplirlo.
Confesaron su falta de vocación, exhibiéndose como lacayos del presidente electo López Obrador.
Caminaron juntos, se hicieron reconocimientos mutuos, se dieron la mano, intercambiaron sonrisas.
Llevar a supuesta consulta “democrática” nuestras graves dificultades para su resolución a mano alzada, es la estulticia demagógica de un pícaro audaz.
Los ministros de la Corte no olvidan que la ley no permite que sus sueldos bajen de monto, y no perdonan a quien quiera reducirles la paga.
México resulta víctima por depender tanto de la economía de Estados Unidos.
El Castillo de Chapultepec y Los Pinos están para ser epicentros de cultura y atractivos turísticos que muestren los designios que el poder les ha impuesto.
Morena constituyó un fideicomiso al que ingresaron más de 85 millones de pesos, retirando en forma simultánea, con cheques de caja, más de 64 millones de pesos cobrados por militantes de Morena.
“El molde del político fanfarrón, corrupto, flojo —dijo López Obrador—, quedó destruido por la voluntad del voto suscrito el 1 de julio”.
La gente que llega con Andrés Manuel, salvo excepciones, fue arrojada a la playa del poder a través de ese tsunami AMLO.
Ese viraje a nadie debe preocuparle, mientras sea para bien de todos, o, al menos, de la mayoría de los mexicanos.
Las promesas del candidato se convierten siempre en los incumplimientos del funcionario electo.
Los cuatro prospectos van a acabar con la corrupción, sin decir claramente a cuál se refieren: la suya o la ajena.
Nuestra unidad bien puede iniciar este nuevo sexenio, si el triunfador invita a trabajar en su gabinete a sus contendientes.
Mucha gente buena votará por él, pensando que, en comparación con los otros tres, resulta un buen hombre, sin que sea perfecto.
Si nuestros antepasados les ponían fuego en el trasero para que recordaran sus deberes, hoy, eficazmente, votemos para no crear dictadores.
El problema que se actualiza, y se agrava, es el retorno del caudillo, colocado por encima de las instituciones.