Y la irritación continúa
No sé hasta qué punto se exhibe la ingenuidad o la perversidad o ambas cosas.
No sé hasta qué punto se exhibe la ingenuidad o la perversidad o ambas cosas.
En México cunde la desmemoria y regularmente todo queda a manera de catarsis en las redes sociales.
El daño está hecho y habría que agregar las malas señales que se envían desde el vecino país del norte.
Año de miles de homicidios dolosos en nuestro país; la corrupción e impunidad se han incrementado.
Aun con todos los signos atroces, es conveniente evocar la caja de Pandora que, si bien dispersó los males, se mantuvo la esperanza.
Más de cien mil muertos y violaciones a los derechos humanos, obituarios, elegías, inconformidad. Balazos.
El liderazgo parece que se eclipsó prematuramente, los efectos del desgaste son evidentes y el saldo no alcanza para festejos.
Contó con el respaldo del general Lázaro Cárdenas del Río, a quien calificara de una “leyenda viviente”.
La capacidad de indignación no debe perecer ni ahora ni nunca.
Muchos votantes norteamericanos optaron por despreciar la inteligencia para elegir a un miserable.
Cualquier ficción palidece ante el cuadro de nuestra realidad.
Paz dijno de Los recuerdos del porvenir que “es una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”.
La muerte se concebía no como una fuerza natural y salvaje, sino como un elemento de la realidad social.
Siempre puso un toque personalísimo que lo proyectó como un profeta que tiraba plegarias.
Los debates han sido predecibles, ausentes de contundencia, aburridos.
Los discursos de quienes protestan hoy ostentan una evidente vacuidad, no se comparan con las expresiones de 1968.
Se ha negado sistemáticamente a la democratización porque su costumbre traducida en tradición ha sido inherente al autoritarismo fundacional.
El presente refleja un caudal de males que se resisten a morir y la mediocridad ha sido una evidente constante.
La noche que vestía sus galas festivas del Grito fue rasgada, maltrecha, un sinsentido se alojaba entre las baldosas y el viento.
La justicia en nuestro país es un profundo dilema, cada quien la interpreta a su conveniencia para dar cauce a un cinismo atroz; muchos casos ilustran este asunto pero ninguno como el de Arturo Escobar, uno de los propietarios, tenedores y promotores del Partido Verde Ecologista de México.