¿”Esperando a los bárbaros”?
Entretanto, las oposiciones, políticas, civiles y sociales, continuamos dispersos, sin capacidad de elevar una voz común ante tantos atropellos a las libertades, la democracia y la dignidad nacional.
Entretanto, las oposiciones, políticas, civiles y sociales, continuamos dispersos, sin capacidad de elevar una voz común ante tantos atropellos a las libertades, la democracia y la dignidad nacional.
Nuestro gran problema como país es la enorme debilidad y vulnerabilidad en la que nos ha colocado el populismo autoritario del obradorismo en estos últimos 7 años de gobierno…
Pero como la señora Sheinbaum no es una demócrata, sino claramente autoritaria, está actuando en sentido contrario: dividiendo más a la sociedad mexicana, polarizándola como lo hizo López Obrador.
Me pesa mucho decir que se equivocan quienes de buena fe apuestan a que Claudia Sheinbaum entienda la necesidad e importancia de dar un giro de 180 grados en su comportamiento, asuma la gravedad de los problemas del país…
Sheinbaum prefirió “echar toda la carne al asador” y cerrar filas con los delincuentes narcogobernadores y otros narcopolíticos para enfrentar a una supuesta “derecha golpista”, en lugar de utilizar toda esa fuerza del Estado, evidenciada en la plaza pública, para combatir al crimen organizado.
Lo que realmente nos está diciendo López Obrador es que si ellos dejan de ser mayoría y pierden las próximas elecciones, será porque hubo fraude electoral.
Parece increíble, pero a ese nivel de degradación política hemos llegado. La obsesión enfermiza por mantener el poder está llegando a tal límite que, incluso, han decidido emprender una ofensiva abierta en contra de sus opositores de todo signo.
Y también, como en los viejos tiempos represivos, contra todo lo que oliera a disidencia, ahora viene la condena y persecución gubernamentales de los líderes opositores con la intención de que no vuelvan a manifestarse.
De esa manera Claudia Sheinbaum aparecería en la boleta, haría campaña y volcaría todos los recursos oficiales para traducir en votos la supuesta enorme popularidad que le otorgan la mayoría de las encuestas.
Lo de Uruapan y Apatzingán en Michoacán, junto con otros hechos violentos en diferentes estados de la república, desmienten el discurso de un país supuestamente en vías de pacificación.
¿De dónde vienen el desencanto y la desilusión? Hay varias vertientes explicativas. Los numerosos y crecientes escándalos de corrupción han generado que este rubro se coloque en la percepción ciudadana como el principal problema nacional.
Como parte de esas resoluciones se decidió que ya no habría más alianzas con el PRI ni con otros partidos bajo el argumento de que eso desdibujó al PAN en las elecciones pasadas.
Es falso que vayamos por el camino correcto como lo proclamó Sheinbaum ante un Zócalo repleto a la vieja usanza: con decenas de miles de acarreados. El país no goza de buena salud, ni en salud, ni en finanzas públicas.
Lo sorprendente, llamativo, preocupante y a la vez estimulante en lo expresado por esas voces tan disímbolas es que todas coincidieran en que la república democrática que se vino construyendo desde la independencia ya está muerta…
Quienes aquí en México se autoasumen como izquierda en el gobierno y se llenan la boca diciéndose émulos de Pepe Mujica, han decidido una ruta contraria a la aconsejada por el extinto mandatario uruguayo…
Lo que se ha revelado en las últimas semanas es que la corrupción enraizó y se fortaleció tanto en el sexenio de AMLO, que se convirtió en un cáncer con riesgo de alcanzar dimensiones de metástasis y que requiere de una cirugía profunda.
Es decir, son gobiernos que llegan al poder por vías democráticas, pero que se desempeñan como dictaduras, que controlan todos los poderes del Estado: el legislativo y el judicial.
Históricamente la izquierda y la derecha se asumieron como antagónicas, como el agua y el aceite, imposibles de congeniar, de acordar o mucho menos de caminar juntas.