La guerrilla, el barco al que no subí
Un año antes conocí a estos cuates y me proponían que me integrara con ellos, yo les expliqué que no estaba de acuerdo con su estrategia y que mejor mantuviéramos una relación amistosa pero distante.
Un año antes conocí a estos cuates y me proponían que me integrara con ellos, yo les expliqué que no estaba de acuerdo con su estrategia y que mejor mantuviéramos una relación amistosa pero distante.
En mi caso el orden en el tiempo, si tiene importancia. Primero militaba en los movimientos y luchas y después ingresé a la Juventud Comunista. Importaba el contenido, no la etiqueta. Hice lo mismo durante el gran Movimiento Libertario de 1968.
Las izquierdas no enchufadas deambulan sin rumbo y dispersas, aunque haya varios movimientos masivos en los que actúa o influye: feministas, ambientalistas, sindicalistas autónomos, estudiantes en muchas universidades…
El problema no se resuelve prometiendo, como lo hace la presidenta Claudia Sheinbaum, atraer las investigaciones a la FGR, llevándolas “hasta sus últimas consecuencias” estribillo repetido millares de veces.
Es positiva la conducta de la presidente de saludar a la presidente de la Suprema Corte, pero se debe abandonar el discurso de señalar al poder judicial, como podrido al servicio de los delincuentes de cuello blanco.
Aunque he sostenido que la política aplicada por el presidente AMLO ha sido antipopular, no es lo mismo que en Francia triunfé la ultra derecha y en México MORENA obtenga casi un 60 por ciento.
La izquierda considera al presidente Andrés Manuel López Obrador como el líder de una revolución política pacífica a la que combate la oligarquía, los corruptos y sus empleados y lacayos periodistas millonarios y chayoteros…
Era imposible realizar una manifestación, la policía con granaderos tomaba la plaza o cita del inicio de la marcha y con macanas, gases lacrimógenos, impedía que nos reuniéramos.
Las falsas elecciones presidenciales y todo proceso electoral, eran una simulación total, el PRI ganaba con más del 80 por ciento o incluso con el 100 por ciento de los votos.
Esa es la cuestión de fondo. Las izquierdas mexicanas no quieren ver el costo de las políticas contrarias a la libertad, cometidas a nombre de la “revolución”. Siguen actuando con la inercia estalinista.
Con el presidente Echeverría debatí el 14 de marzo de 1975, en el auditorio de la Facultad de Medicina y logré convencer a la mayoría en contra de su grosera visita.
Ambos libros y muchos más están circulando en estos días de la 4T, son testimonios importantes de una lucha que estuvo muy escondida y ahora adquiere un cierto relieve.
La soldadura que une a ese fenómeno que ha sido hegemónico por un poco más de cien años, es la ideología de la Revolución mexicana, cuyo núcleo es el estatismo-nacionalista.
Más que la denuncia de miles de casos de estafa, es decir de hacer lo contario a lo prometido como opositor y en cada una de sus campañas, es conveniente intentar explicar cómo opera el mecanismo o la lógica de sus seguidores…
Toda la nómina de líderes sindicales charros, tienen ese carácter de redentores y millonarios, pero tristemente ese fenómeno se ha expandido a otros sectores de las mal llamadas izquierdas.
Una visión dogmática que solamente reduce los cambios a la lucha de clases, no contribuye sino retrasa los cambios democráticos y se convierte en su contrario, paradójicamente sirve a lo más reaccionario de la sociedad.
La fuerza de la izquierda de la Revolución mexicana está presente, por ejemplo, en el silencio de casi toda la prensa, la radio y la TV ante la Operación Polanco: cómo la DEA investigó la campaña de AMLO en 2006…
Carlos Castro fue el dirigente más importante del ala izquierda del Consejo Estudiantil Universitario de la huelga iniciada el 14 de marzo de 1966, contra el autoritarismo del rector Ignacio Chávez…
Y no hace falta un doctorado en sociología para notar que la sociedad argentina está astillada, partida en mil pedazos luego de una década de estancamiento, de una economía que no funciona…
Esa victoria expresó el rechazo a varias décadas de hegemonía priista, de más de 70 años y un breve lapso de 12 años de gobiernos panistas. La gente estaba harta de la corrupción, de la violencia y del estancamiento económico.