Relaciones diplomáticas y alianzas
Entre varios aspectos, las relaciones diplomáticas buscan capitalizar ventajas geográficas, identidad cultural y sociopolítica, oportunidades de complementación y concordancias en temas de singular interés.
Entre varios aspectos, las relaciones diplomáticas buscan capitalizar ventajas geográficas, identidad cultural y sociopolítica, oportunidades de complementación y concordancias en temas de singular interés.
Adán Augusto no puede ingresar a suelo estadounidense porque se canceló su visa, bajo sospecha de ser la eminencia detrás del Cártel de la Barredora que encabezaba Hernán Bermúdez Requena en Tabasco.
La reflexión aplica por igual a mecanismos que procuran la seguridad (eg. OTAN), así como a otros cuya vocación es más amplia y cubren temas de cooperación, en sentido amplio (eg. OEA, UA, LEA ANSEA).
Cuando la política de poder se lleva a extremos, los países dejan de actuar con base en su legítimo interés nacional y abrazan la denominada Razón de Estado, es decir, el despliegue de acciones excepcionales y de emergencia…
Desde luego que los principios constituyen el sustrato para impulsar y perseguir intereses propios en la arena internacional, son de rango universal y están sujetos a la interpretación de su alcance en cada situación específica.
El tema es doblemente complejo porque esos nacionalismos cerrados actuan como agentes anti occidentales y, a la vez, cuestionan las raíces mismas de la cultura política democrática consolidada a escala global.
Sin embargo, a medida que aumentan sus responsabilidades, también lo hacen sus capacidades financieras. Y la verdad es clara: se les pide hacer más, pero tienen menos margen para responder.
Seguimos viviendo en un mundo fundamentalmente desprovisto de paz duradera. Un efecto dominó sombrío se extiende por las fronteras.
En la teoría clásica se postula que la democracia es una forma de organización política del Estado, en la que el pueblo toma decisiones en ejercicio de su soberanía, de manera directa o a través de sus representantes.
Quiero hacer notar que Vitoria, los teólogos españoles y la Escuela de Salamanca reconocían y daban enorme importancia a lo que hoy viene a designarse como “pueblos originarios”, sin aspavientos y varios siglos antes del nuestro.
Lo que se está gestándo aún es amorfo, pero deja ver ángulos de gran complejidad, que socavan la confianza en la diplomacia y contribuyen al debilitamiento del Derecho Internacional y de la comunidad mundial.
Tras los llamados de Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris y de Paulo VI en Populorum Progressio, Juan Pablo II tuvo el acierto de posicionar a la sede petrina como actor central de las relaciones internacionales…
Este diagnóstico tiene historia. La primera llamada de atención ocurrió tras la caída del Muro de Berlín, hecho que marcó pauta para la conducta diferenciada de los Estados en la posguerra fría.
Conflictos como los de Ucrania y Medio Oriente, la galopante pobreza en diferentes zonas y los populismos de izquierda y derecha, alteran el orden y la justicia, polarizan sociedades y no contribuyen a generar bienestar.
Aunque ha pasado poco tiempo desde que asumió el Trono, el mayor de sus retos es definir un perfil propio para su reinado, que le permita considerar el alejamiento ecelsiástico de las nuevas generaciones…
Tras las guerras de Corea y Vietnam, de los ataques terroristas del 9/11 en territorio estadounidense y de los conflictos en Ucrania y Gaza, lo que ahora acontece es la más seria amenaza a la estructura establecida al final de la Segunda Guerra Mundial.
De hacerlo así, la discusión política y académica podría orientarse hacia la doble meta de revitalizar los valores liberales que animaron los trabajos de la Conferencia de San Francisco (1945) y consolidar un orden mundial sustentado en reglas.
Los que así discurren estiman que la denominada realpolitik (política realista) muta el honor, gloria y poder del Estado westfaliano por el bienestar de los gobernados, lo que se traduce en una idea clara del interés nacional.
A estas condicionantes cabe añadir una realidad que ofrece un modelo de convivencia inseguro por definición, regido por el uso de la fuerza como medio para establecer el orden, en detrimento de relaciones políticas estatales comprometidas con la autoridad y el buen gobierno.
Desde un punto de vista teórico, esta ruta confiere la razón a las tesis de Thomas Hobbes y Nicolás Maquiavelo, en detrimento del arreglo social propuesto por John Locke y Emmanuel Kant.