Un solo pueblo, siempre en paz
Tras los llamados de Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris y de Paulo VI en Populorum Progressio, Juan Pablo II tuvo el acierto de posicionar a la sede petrina como actor central de las relaciones internacionales…
Tras los llamados de Juan XXIII en su encíclica Pacem in Terris y de Paulo VI en Populorum Progressio, Juan Pablo II tuvo el acierto de posicionar a la sede petrina como actor central de las relaciones internacionales…
Este diagnóstico tiene historia. La primera llamada de atención ocurrió tras la caída del Muro de Berlín, hecho que marcó pauta para la conducta diferenciada de los Estados en la posguerra fría.
Conflictos como los de Ucrania y Medio Oriente, la galopante pobreza en diferentes zonas y los populismos de izquierda y derecha, alteran el orden y la justicia, polarizan sociedades y no contribuyen a generar bienestar.
Aunque ha pasado poco tiempo desde que asumió el Trono, el mayor de sus retos es definir un perfil propio para su reinado, que le permita considerar el alejamiento ecelsiástico de las nuevas generaciones…
Tras las guerras de Corea y Vietnam, de los ataques terroristas del 9/11 en territorio estadounidense y de los conflictos en Ucrania y Gaza, lo que ahora acontece es la más seria amenaza a la estructura establecida al final de la Segunda Guerra Mundial.
De hacerlo así, la discusión política y académica podría orientarse hacia la doble meta de revitalizar los valores liberales que animaron los trabajos de la Conferencia de San Francisco (1945) y consolidar un orden mundial sustentado en reglas.
Los que así discurren estiman que la denominada realpolitik (política realista) muta el honor, gloria y poder del Estado westfaliano por el bienestar de los gobernados, lo que se traduce en una idea clara del interés nacional.
A estas condicionantes cabe añadir una realidad que ofrece un modelo de convivencia inseguro por definición, regido por el uso de la fuerza como medio para establecer el orden, en detrimento de relaciones políticas estatales comprometidas con la autoridad y el buen gobierno.
Desde un punto de vista teórico, esta ruta confiere la razón a las tesis de Thomas Hobbes y Nicolás Maquiavelo, en detrimento del arreglo social propuesto por John Locke y Emmanuel Kant.
La guerra (caos) es justa si observa normas y reglas de validez universal y cuando quien la ejerce es su víctima. Por el contrario, si la emprenden actores poderosos, estos la justifican como recurso para alcanzar objetivos acordes con sus intereses.
La citada doble perspectiva existe hoy en la Organización de Naciones Unidas, la cual busca conciliar paz con guerra, cooperación con conflicto y seguridad militar con aquella multidimensional y sostenible.
Dicho modelo, conocido en la teoría de las relaciones internacionales como realismo contingente, privilegia la acción cooperativa por encima de la competitiva…
Habituados a un sistema multilateral cuya efectividad descansa en el equilibrio de poder entre las superpotencias, la situación descrita viene a cuestionar los alcances y límites actuales de ese modelo de coexistencia.
Pero no solo ellos han sido objeto de su ira y venganza, también lo ha sido la política republicana Liz Cheney, clave en la justificada persecución penal contra Trump por su intento de anular las elecciones presidenciales de 2020.
En poco tiempo, hemos sido testigos de la forma en que Estados Unidos pierde autoridad porque archiva la política exterior que suma y la sustituye por otra, que demerita alianzas y la cooperación que tradicionalmente le han ofrecido tantos países amigos.
En un entorno global incierto y de riesgo, las amenazas son poco útiles porque restan valor a la buena diplomacia (contundente y prudente), que analiza escenarios y descarta medidas radicales porque rompen consensos estructurales y traen consecuencias indeseables y disruptivas.
A este enfoque se le conoce como realismo político y, con sus variantes, funcionó bien en la etapa bipolar. El desaparecido bloque socialista hizo un esfuerzo paralelo y desarrolló su propia escuela.
El problema es estructural. De ahí que, para remontar insuficiencias económicas y rezagos sociales, los estados deban fraguar acuerdos políticos sustentados en un pragmatismo edificante…
El escenario mundial exige a las naciones del Sur conducirse con versatilidad y singular ingenio; sin camisas de fuerza que limiten su habilidad para navegar en aguas turbulentas y atender sus prioridades de la mejor manera posible.
En este contexto, el hartazgo y la ira acumulada por la falta de respuesta de las autoridades a los requerimientos de la gente, ha propiciado comportamientos electorales inéditos.