Marco Aurelio Carballo
Siempre! fue, ha sido y es, su casa. Su fundador, José Pagés Llergo, legendario y duro periodista, hecho en la brega, le tenía un cariño muy especial.
Siempre! fue, ha sido y es, su casa. Su fundador, José Pagés Llergo, legendario y duro periodista, hecho en la brega, le tenía un cariño muy especial.
La reciente reconformación del gabinete de Miguel Ángel Mancera, ya pasados los hechos y los comentarios, dejan en claro que el jefe de gobierno, sin pertenecer al PRD, lo está conformando o remodelando para ser utilizado como bastión electoral sin duda de una coalición más amplia. Es evidente que tanto a Mancera como al PRD en general le dolió el rápido crecimiento de Morena a costillas de las posiciones perredistas en el DF.
La segunda fuga del Chapo Guzmán. Realmente suena a título de novela de misterio. No lo es. Es una mancha más en un sistema político corrupto hasta la médula. No se fugó un reo común y corriente, se fugó un legendario criminal de una prisión de “alta seguridad”.
El PRI, en sus distintas versiones, es también un partido con claroscuros. Sin duda con más oscuridad que claridad. La presencia del general Cárdenas lo enaltece, pero su sucesor, Ávila Camacho, comienza el viraje hacia la derecha. Ruiz Cortines y López Mateos hacen lo posible por mantener, dentro del canon político establecido por los herederos de la Revolución Mexicana, un camino progresista.
Realmente no hubo dificultades durante las pasadas elecciones. Choques, duros adjetivos, gritos, acusaciones, protestas. Pero lo esencial transcurrió sin sangre ni violencia incontrolable, salvo la CNTE que parece haber leído un afamado libro sobre técnicas guerrilleras, de Robert Taber, llamado La guerra de la pulga. Las diferencias son obvias, la obra es de carácter militar y señala no sólo las acciones bélicas sino las reacciones de los poderes establecidos.
ntre las polémicas mayores según los analistas de los resultados del pasado proceso electoral, están el crecimiento de Morena y el triunfo de Jaime Rodríguez, el Bronco, en Nuevo León. Ambos hechos ya son parte de la mitología que en México hacemos para explicarnos obviedades que parecen desconcertantes.
Realmente nada ocurrió fuera de lo previsto. El país vivió la jornada electoral sin mayores problemas. Del número previsto de casillas electorales, un porcentaje muy elevado fue instalado y en consecuencia los atracos de la CENTE apenas afectaron la elección. Un puñado de casillas y papelería destruida, amenazas y más amenazas, básicamente en Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas, estas últimas en número mínimo.
En los tiempos de Adolfo López Mateos, comencé a observar el mundo que me rodeaba más allá de las calles y jardines donde jugaba. Los días electorales, en tiempos en que no había tantos partidos políticos como hoy, algunos de mis familiares adultos reflexionaban en un ejercicio que me era extraño y ahora me parece tonto. Mi abuelo había sido mayor de las tropas de Carranza.
El sistema político mexicano parece no tener remedio: día tras día se envilece más. Es una caída libre en un pozo sin fondo. Ningún partido se salva, todos muestran su escasa decencia y su total inmoralidad. En las calles los ciudadanos dudan entre ir a votar o quedarse en casa. Están decepcionados. Los más sensatos y corajudos piensan que debemos acudir a las urnas y votar en blanco. Pero todos sabemos que con un puñado de votos, por pocos que sean, los candidatos ocuparán los cargos que ambiciona.
Los caminos del señor son enigmáticos y de pronto me vi en una mesa redonda con Vicente Fox, Jorge González Torres y yo en un hotel rumboso, para discutir los comicios presidenciales que estaban a la vuelta de la esquina. La conductora era una patética locutora que al triunfo del primero pasó a ser presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sari Bermúdez. Fox parecía tener un proyecto y una larga lucha heredada por parte del PAN, el Verde Ecologista era una familia que quería un negocio más, ahora un partido político y para crecer nada mejor que montarse en la ola foxista.
Es evidente que las autoridades federales no han sido capaces de descubrir todo el espinoso caso de los jóvenes asesinados de Ayotzinapa. Y eso le ha costado muy caro al gobierno de Peña Nieto. Lo muestran sin un cuerpo de inteligencia eficaz a su servicio y con un aparato policiaco, militar y legal en ruinas. Pero tampoco el perredismo y en su momento la gente de Morena se han sustraído de sus muchas culpas al respecto. El PRD en su mejor época, cuando todavía contaba con el peso político de López Obrador nombró candidato a José Luis Abarca para contender por Iguala. Su gestión, como la del propio gobernador y el partido, fue desastrosa y concluyó de manera brutal. Tanto que no sabemos quiénes fueron los responsables directos y no hay detenidos. El malestar crece y los padres de los normalistas van de un lado a otro exigiendo que sus hijos regresen vivos.
Tal como muchos analistas serios anticiparon, la campaña electoral es un fraude, una tomadura de pelo y una completa falta de respeto a la ciudadanía. Los partidos y sus principales actores comenzaron a promoverse antes de tiempo. Algunos fueron sancionados y a otros simplemente se les llamó la atención. Nada sucedió. Ahora los tenemos como participantes de un gigantesco circo de cinco o más pistas y la sociedad muestra su indiferencia, mientras que los medios encuentran notas para contribuir al espectáculo. Los políticos chapulines saltaron al espectáculo y los hay que buscan el voto mostrando sus habilidades para cantar o para exponer sus habilidades como payasos. Los discursos menudean y son todos demagógicos. Los insultos y agresiones son el eje, la médula y todos los partidos y los candidatos muestran una completa ausencia ideológica.
Tanto en los medios habituales como en las redes sociales y en las conversaciones callejeras o familiares, ante las escandalosas y ofensivas campañas de los partidos políticos, la pregunta es la misma: ¿votar o no? La sensatez se impone, es un deber cívico y hay que ejercerlo, pero con sólo ver la total ausencia no digamos de propuestas sociales serias sino de insultos y pruebas de la infinita mediocridad de los políticos, uno lo piensa y lo vuelve a pensar.
Arrancaron oficialmente las campañas políticas de aspirantes a diputados, asambleístas, delegados capitalinos y hasta las de algunos que desean poner su grano de arena en la destrucción del país desde algunos estados. Eso es la parte ridículamente oficial, porque todos los partidos, desde el más añoso, el PRI, hasta el más joven de edad y tan viejo como los demás por su experiencia para mentir y provocar conflictos (Morena) llevan meses haciendo campaña, bombardeando a la población con insultos, majaderías, tonterías y ningún concepto que nos muestre su posible ideario. La sociedad tiembla de preocupación porque abundan los nombres de políticos que deberían estar en la cárcel.
Apenas arrancamos el torneo de bajezas llamado proceso electoral y ya estamos hartos.
Desde hace varios meses, las elecciones intermedias, poco atractivas, en la que no hay aspirantes presidenciales, se han convertido en una suerte de ensayo general para las siguientes en que sí se contenderá por la Presidencia y en la que ya hay un candidato muy anticipado: Andrés Manuel López Obrador.
La izquierda mexicana actual. Tan preocupada por sus propios intereses y tan distante de las desgracias de otras naciones o grupos raciales.
Los políticos, amantes del doble discurso, y las mujeres, desprotegidas en países como el nuestro, tienen un enfrentamiento sordo y tenaz. Ellos hablan de paridad de género, de respetar los derechos de las mujeres, de no violencia doméstica, pero al mismo tiempo uno habla de ellas como la que debe llevarle al varón las pantuflas, pues “son rebuenas para sus labores”, otro le levanta el vestido a una en plena fiesta de funcionarios modestos y ebrios, del mismo modo que hace algunos años, el mismísimo presidente de la república, Vicente Fox, las calificó como “lavadoras de dos patas”.
La guerra entre los partidos de pronto oscurece el panorama político y nos concentramos en el choque del PRI con el PAN o del PRD con ambos, y nos impide ver lo que ocurre dentro de cada uno de los institutos que batallan por obtener amplias cuotas de poder. Esas batallas son despiadadas, violentas y turbias. La política se ha convertido en un negocio sin valores, todos pelean por un lugar en la administración pública con el único fin de hacer fortuna.
Llama la atención la escandalosa facilidad con la que los políticos saltan de un partido a otro. Los políticos exitosos ahora han tenido que pasar, para llegar a los altos cargos, por una multitud de partidos. El primero que me viene a la mente es Porfirio Muñoz Ledo, quien llegó al extremo de dirigir dos de ellos. El diario Excélsior ha dado una lista de lo que ahora se llama, en sentido humorístico, chapulines.