La soledad del presidente

Cada tanto, un grupo de periodistas de La Crónica, invitados por sus directivos, acostumbramos comer con algún alto dignatario político. Inalterablemente son del más alto nivel. Baste citar que hemos comido dos veces con Enrique Peña Nieto, una con Miguel Mancera y muchas más con secretarios de Estado. Se trata de conversaciones cordiales con la idea de mantener un adecuado sistema de información. La semana pasada comimos con uno de estos últimos y nos habló largamente de los avances del gobierno actual.

Pepe el toro es inocente

En política sin duda cuenta la audacia y si no pregúntenle a López Obrador y a Marcelo Ebrard. El primero salió de la nada, era un oscuro priista que a golpes de mazo, manifestaciones, gritos, exaltadas convocatorias mal redactadas, conquistó un partido, el PRD, lo convirtió en un cascarón y luego fue a formar uno propio donde pudiera (puede) ser el dictador, su vocación.

La extraña inexperiencia del PRI

Cuando el PRI consiguió reponerse del golpe propinado por Vicente Fox, un ranchero dicharachero y audaz, apoyado por un partido que hoy se pelea entre sí por el escaso prestigio que le dejaron doce años de pésimos gobernantes, regresó a Los Pinos. Lo representaba un hombre joven y al parecer impetuoso: Enrique Peña Nieto. Uno de los mejores políticos mexicanos, Manlio Fabio Beltrones, en una reunión con intelectuales y periodistas, se manifestó por la candidatura del mexiquense, incluso lo elogió con argumentos serios. ¿Habrá tenido razón?

De pesadilla, los candidatos de Morena

La cabeza del diario La Crónica no podía ser mejor: “Con equipo de pesadilla, Morena disputará las 16 delegaciones del DF”. Enseguida, los nombres y sus historiales; no debemos olvidar que el de López Obrador comienza en el PRI, en donde llegó al grado de escribir el himno a su partido, pasa por una desordenada y dictatorial administración del DF y concluye, una vez que contribuyó como pocos a la demolición del PRD, con su propio partido, que lo encumbró y le permitió ser candidato a la presidencia, a donde lo siguieron los personajes más siniestros de la llamada izquierda, y en donde está cómodo ejerciendo su natural vocación de tirano, de hombre que no admite una opinión que contradiga las suyas.

¿Estamos en guerra?

La cabeza de la nota, aparecida en muchos medios, resultó desconcertante: Los integrantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la educación de Guerrero (CETEG), luego de cometer agresiones, robos, acciones vandálicas y cualquier cantidad de hechos delictivos y violaciones a granel de los derechos humanos sin que haya poder que los frene, optaron por un descanso, una tregua, y utilizaron el reposo de los guerreros para intercambiar prisioneros. Sí, como en una guerra formal entre dos países.

Las elecciones que vienen

La realidad no siempre lo es, con frecuencia, sobre todo en México, está oculta por una fachada casi cinematográfica, creación del propio sistema político en su conjunto. Los partidos políticos inalterablemente desean darnos una serie de falsedades que, obvio, no toman en cuenta la realidad. Todos son optimistas y se refugian en las mentiras o en las exageraciones. Tenemos a la vista las elecciones intermedias, ésas que pocos medios y ciudadanos descuidan porque no se lucha por la presidencia. Sin embargo, ahora más que nunca son fundamentales.

Un PAN sin identidad

Caro ha pagado el PAN los doce años que estuvo en el poder. Hay explicaciones lógicas y razonables de su llegada a Los Pinos, asimismo hay multitud de pruebas de lo trágico que fue su paso por los más altos cargos. El hecho de que en las pasadas elecciones presidenciales haya caído al tercer lugar es contundente.

…Y regresaron huesos

Ahora ya tenemos una triste certeza: se los llevaron vivos y nos devolverán restos, cenizas, huesos. El caso de Guerrero ha sido la gota que derramó el vaso. Irritación, malestar, indignación y rabia. Pero vayamos por partes. Como señaló el escritor Luis González de Alba: los cuerpos no estaban en el clóset de Peña Nieto ni ocultos bajo la cama. Fueron sacados y torturados y asesinados por instrucciones de gobernantes y sicarios perredistas.

De gobernadores y problemas

La violencia no es exclusiva de un punto de la república u otro. La vemos con mayor o menor fuerza lo mismo en Guerrero, Oaxaca y Morelos que en el DF y Veracruz. Mientras tanto todos los gobernadores, incluido Miguel Ángel Mancera, presumen la tranquilidad de sus poblaciones. Hace poco estuve en Oaxaca y todos los días vi marchas, agresiones, plantones, manifestaciones agresivas, escuché discursos incendiarios, pero Gabino Cué, al presentar su cuarto informe dice que no hay prácticas autoritarias. No. Es posible, pero las agresiones de unos cuantos las padece el grueso de la población.

Fantasía de terror

La tragedia de Guerrero es la tragedia de México. No existe un punto de la nación donde no haya violencia. Cada vez que se llevan a cabo excavaciones, las autoridades encuentran restos de personas asesinadas. No hay estado que carezca de amplias zonas donde los más variados asesinos depositan los cuerpos de sus víctimas. No hay hasta ahora un filme de terror que vea la monstruosidad que los mexicanos vemos diariamente. La realidad mexicana supera toda fantasía de terror. A diario vemos, escuchamos o leemos, en el mejor de los casos, balaceras, asesinatos, violencia desatada. La reacción de los funcionarios es minimizarla y prometer que habrá justicia, que caerán cabezas y todas las sandeces habituales del lenguaje político mexicano.

El insolente, necio y agresivo Perry

El gobernador de Texas, un estado que se cocina aparte por su extremo conservadurismo, Rick Perry hizo declaraciones insolentes, agresivas y sin fundamento alguno. Que la frontera con México sirve para el tránsito de terroristas. De inmediato le contestó el titular de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, citando fuentes serias de Estados Unidos. Tanto el Pentágono como el Departamento de Estado han precisado que no existe prueba alguna de que México sea el paso de los terroristas que tratan de ingresar a territorio norteamericano.